ENTREVISTAS
Ciberseguridad en las Agencias de Viajes
Ciberseguridad en el ecosistema turístico: Cómo proteger a las agencias de viajes frente a la mayor amenaza del siglo XXI
La digitalización ha revolucionado la forma en que las agencias de viajes operan y se relacionan con sus clientes, pero también ha abierto la puerta a vulnerabilidades sin precedentes. Durante la 28ª Convención de Grupo GEA, uno de los paneles más urgentes, necesarios y reveladores estuvo dedicado íntegramente a la ciberseguridad. Lejos de ser un concepto abstracto o exclusivo de las grandes multinacionales tecnológicas, los expertos demostraron que la piratería informática es una amenaza cotidiana, silenciosa y altamente destructiva que tiene a la industria turística directamente en su punto de mira.
El factor humano: la puerta abierta de las agencias
Para abrir este vital espacio de debate, Antonio Lara, director de nuevos desarrollos e innovación en Grupo GEA, asumió el rol de moderador con un enfoque tremendamente práctico y autocrítico. Tras agradecer a los profesionales el tiempo invertido en la sesión y proyectar un emotivo vídeo corporativo de su histórico socio AON, Lara decidió interactuar con el auditorio para medir la verdadera “temperatura” digital del sector. Sus preguntas fueron tan directas como incómodas: pidió que levantaran la mano aquellos que utilizaban la misma contraseña para acceder a distintos servicios y, posteriormente, preguntó cuántos de los presentes se molestaban en cambiar sus claves al menos cada tres meses. El resultado fue un suspenso generalizado y una sonrisa nerviosa compartida; prácticamente nadie cumplía con las directrices básicas de higiene digital.
Ante esta alarmante realidad, el moderador recordó que la protección de los sistemas, el dinero y los datos confidenciales de los clientes no recae única y exclusivamente en los escudos informáticos que pueda proporcionar la empresa. Por el contrario, la auténtica primera línea de defensa es el comportamiento diario de cada usuario frente a sus dispositivos móviles, ordenadores y tablets. Empleando una metáfora tan visual como efectiva, Lara advirtió que navegar por Internet sin tomar precauciones o utilizando claves frágiles es exactamente equivalente a salir de casa y dejar la puerta abierta de par en par.
De hecho, el directivo subrayó un dato verdaderamente demoledor que debe hacer reflexionar a cualquier empresario: el 95% de los delitos informáticos que sufren las agencias, incluyendo ataques directos a reservas de hoteles, aerolíneas e incluso paquetería, son causados directamente por errores humanos. Afortunadamente, esta aplastante estadística también encierra una lectura positiva, ya que significa que la inmensa mayoría de las intrusiones son evitables si se fomenta la formación interna, se adopta el uso de gestores de contraseñas seguros y, sobre todo, se activa el imprescindible doble factor de autenticación en todas las plataformas posibles.
La radiografía de una industria delictiva global
Posteriormente, David Fernández, en representación de la aseguradora especialista Hiscox, tomó el relevo en el escenario para dimensionar la magnitud real y económica del problema. En su brillante exposición, Fernández explicó que muchos profesionales siguen percibiendo la ciberseguridad como un argumento de ciencia ficción o como un riesgo lejano que “solo le pasa al de al lado”. Para derribar este peligroso mito, aportó una cifra macroeconómica que dejó al auditorio sin palabras: en la actualidad, la ciberdelincuencia mueve a nivel mundial muchísimo más dinero que lacras históricas como el narcotráfico y la trata de personas juntas.
En la misma línea, el experto ilustró la tremenda sofisticación y alcance de estas redes criminales. Para contextualizar el peligro inminente, recordó el masivo robo de datos que sufrió la Dirección General de Tráfico (DGT) en mayo de 2024. Esta brecha expuso información personal muy sensible de 38 millones de ciudadanos españoles. Utilizando su propio caso personal, Fernández mostró en directo un correo fraudulento que había recibido esa misma madrugada. El mensaje simulaba ser una notificación oficial de la DGT exigiendo el pago urgente de una supuesta deuda administrativa para evitar recargos. Aunque el remitente real era falso y la trampa resultaba evidente para un ojo entrenado, el envío masivo a millones de personas garantiza que, si tan solo pica un pequeño porcentaje de los receptores, el ataque sea económicamente rentable para los piratas.
Asimismo, alertó sobre ataques dirigidos muchísimo más sutiles y peligrosos, conocidos técnicamente como infostealers. En este escenario, el ciberdelincuente, aprovechando los datos personales previamente robados, puede enviar a la víctima un correo simulado que incluye un archivo aparentemente inocente. El simple acto de abrirlo instala de forma silenciosa un programa malicioso capaz de registrar todas las pulsaciones del teclado. De este modo, cuando el agente de viajes accede posteriormente a la intranet de su banco o a las plataformas de reservas, el atacante obtiene en tiempo real sus credenciales y contraseñas. Para empeorar el panorama, la reciente irrupción de la Inteligencia Artificial está permitiendo a estos atacantes generar fraudes, mensajes y simulaciones de voz y vídeo cada vez más creíbles.
Vectores de entrada y el severo impacto legal
Además de las amenazas directas mediante phishing y malware, el experto de Hiscox puso el foco en otros riesgos estructurales que afectan de manera endémica a la industria de los viajes, catalogada como uno de los sectores más atacados a nivel mundial. Fernández señaló que conectar los dispositivos de trabajo a redes WiFi vulnerables o utilizar conexiones públicas facilita enormemente que los piratas se instalen en la infraestructura digital de las agencias. Del mismo modo, recordó que muchas intrusiones devastadoras no atacan frontalmente a la empresa, sino que se producen aprovechando fallas de seguridad en sistemas de proveedores externos.
Por consiguiente, el impacto de sufrir una brecha informática trasciende con creces la mera parálisis operativa o el daño económico directo por un secuestro de datos o ransomware. El riesgo desemboca en graves consecuencias legales y reputacionales. Fernández fue categórico al advertir que la normativa europea obliga a cualquier empresa a comunicar cualquier fuga de información sensible a la Agencia Española de Protección de Datos en un plazo máximo de 72 horas. Ignorar esta exigencia legal, ocultar el ataque o no cumplir con los protocolos del Reglamento General de Protección de Datos puede acarrear multas de enorme impacto para la agencia afectada.
AON y el escudo protector: los tres bloques de una póliza cibernética
Para concluir el panel y aportar soluciones tangibles frente a este implacable escenario, Josep García, en representación del bróker de seguros AON, tomó la palabra. Reafirmando el consenso general de que el error humano sigue siendo el principal vector de entrada, destacó en primer lugar el enorme valor de la prevención. Por ello, puso en valor herramientas como la academia formativa que Hiscox proporciona de forma gratuita a todos sus asegurados para educar a las plantillas en higiene digital.
A continuación, García estructuró la cobertura de sus pólizas de ciberseguridad en tres grandes bloques fundamentales. El primero actúa como un equipo de respuesta inmediata tras el ataque: la aseguradora moviliza a técnicos y abogados expertos para frenar el hackeo, recuperar los sistemas y restituir la operativa digital de la empresa.
En segundo lugar, la póliza aborda las pérdidas económicas directas, incluyendo posibles pagos por rescates informáticos o casos de fraude del CEO, una modalidad cada vez más frecuente en la que los delincuentes suplantan identidades directivas para desviar pagos hacia cuentas bajo su control.
Finalmente, el tercer bloque está diseñado para mitigar las responsabilidades frente a terceros derivadas de la crisis. Esta cobertura contempla los gastos de notificación a las autoridades, las posibles multas, la defensa jurídica ante reclamaciones de clientes y, de forma especialmente relevante para una agencia, la compensación por lucro cesante y pérdida de beneficios durante el tiempo en que el negocio permanece bloqueado. Todo ello, remarcó García, con un coste muy inferior al daño real que puede provocar un ciberataque.
