GESTIÓN

Me llamo Mopongo García. Y ya está bien.

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Agente de viajes. Autónomo. Profesional. Y hasta el moño —aunque siempre con una sonrisa— Porque amo mi trabajo, pero estoy harto de que lo disfracen de hobby para no pagarlo como se merece.

Me llamo Mopongo García.
Y sí, ya sé que no me llamo así. Pero llevo más de veinte años dejándome la piel en este oficio —pagando autónomos, tragando sapos, apagando fuegos y vendiendo felicidad a plazos— como para no merecer al menos un nombre de guerra. Uno que suene a hartazgo. A barricada. A “hasta aquí”.

Porque amo mi trabajo. Me encanta. Me hace feliz ver cómo alguien vuelve de un viaje con la cara iluminada y la maleta llena de historias.
Pero que me apasione no significa que me lo tengan que poner tan difícil.
Que lo disfrute no les da derecho a aprovecharse.
Que lo haga con vocación no justifica que me lo paguen con desdén.

Este es mi trabajo.
No es un hobby. No es un favor. No es una app de móvil.
Es mi medio de vida. Y también, mi límite.

Por eso hoy alzo la voz. Y aunque escriba esto solo, en el silencio de mi agencia, con las luces apagadas para ahorrar, siento que no hablo solo por mí.
Porque sé que hay muchos como yo. Que Mopongan cada día. Que aguantan. Que resisten. Que merecen ser escuchados.

Así que aquí va mi manifiesto.
No quiero aplausos. Quiero justicia.
Y por eso, yo, Mopongo García, afirmo que:

 Cuando el entorno no juega limpio

No es que quiera privilegios. Es que estoy harto de jugar en desventaja. Mientras a otros sectores se les protege, a mí se me fiscaliza. Mientras a otros se les aplaude, a mí se me exige sin red. Y mientras me esfuerzo por hacer las cosas bien, parece que el sistema prefiere mirar para otro lado cuando los que hacen trampas se lo montan por su cuenta. Así no se puede competir. Así no se puede seguir.

✊ Mopongo a tener que pagar impuestos por todo —local, licencias, seguros, personal— mientras los piratas operan en grupos de WhatsApp y hasta les ríen las gracias porque “es una jubilada que lleva a sus amigas” o “un chaval que tiene que buscarse la vida”.

✊ Mopongo a que se nos exija formación, seguros, contratos y mil normativas, mientras cualquiera con un perfil en redes ya puede decir que vende viajes.

✊ Mopongo a que el Estado rescate aerolíneas, subvencione macroeventos y promocione turismo receptivo, pero para el turismo emisor —para mí— no haya ni una mísera línea de apoyo real.

✊ Mopongo a que las ayudas lleguen tarde, mal o nunca… pero los impuestos, las obligaciones y los requerimientos, lleguen puntuales como un tren suizo.

✊ Mopongo a tener que justificar por qué cobro por mi trabajo mientras bancos, supermercados y hasta las gasolineras venden viajes sin saber ni dónde está Dubái.

✊ Mopongo a que me digan que si digitalizo mi agencia “ya no es una agencia de verdad”, pero si no lo hago, “me he quedado atrás”.

✊ Mopongo a que nadie valore que, detrás de mi agencia, hay una persona que madruga, que arriesga, que paga, que lucha… y que no juega con las mismas cartas que los demás.

✊ Mopongo a que nos acusen de ser caros cuando lo que somos es legales.

 

Lo que pesa ser agente… y autónomo

Detrás del mostrador no hay una máquina expendedora de vacaciones. Hay una persona. Con estrés, con jornadas infinitas, con facturas que no esperan, con familia que muchas veces queda en pausa. Pero como esto va de viajes, y parece divertido, muchos piensan que lo nuestro no es trabajo. Pues sí: es trabajo. De sol a sol. Y a veces, sin sol.

✊ Mopongo a pagar cuotas, licencias, seguros, tasas, formaciones y herramientas… solo para poder seguir trabajando.

✊ Mopongo a ser agente de viajes y también gestor, contable, community manager, comercial, administrativo y consejero espiritual. Todo en uno, por el mismo precio.

✊ Mopongo a que si un cliente me deja tirado, me fastidio yo; si un proveedor cambia las condiciones, me las como yo; si hay un error en algún punto del viaje, me toca a mí dar la cara… aunque nadie me haya pagado aún por nada.

✊ Mopongo a que si me equivoco en un dato soy un inútil, pero si el cliente olvida el pasaporte o se equivoca de fecha, “es un despiste sin importancia”.

✊ Mopongo a tener que rehacer un viaje completo sin cobrar un duro porque el cliente tenía el pasaporte caducado.

✊ Mopongo a que nadie piense que yo también tengo una vida. Que yo también me canso. Que yo también tengo derecho a parar, aunque sea para respirar.

✊ Mopongo a que cuando por fin me voy de viaje —trabajando, ojo— me digan con sorna “qué bien vives”. Como si levantar un negocio fuera una beca Erasmus.

✊ Mopongo a que la conciliación sea una quimera: ni horarios, ni festivos, ni desconexión.

 

 Las máscaras que no me quito

Psicólogo. Animador. Terapeuta. Bombero emocional. Abogado de última hora. Lo de agente de viajes hace tiempo que se me queda corto. Pero aunque cambie de sombrero según la situación, hay algo que no cambia: mi esfuerzo no debería ser invisible, ni gratis.

✊ Mopongo a ser terapeuta cuando el cliente viene nervioso, psicólogo cuando se arrepiente y abogado cuando se queja.

✊ Mopongo a que me exijan implicación emocional en su viaje —porque “es especial”, “es la luna de miel”, “es la primera vez que salen”— pero no quieran pagar ni los gastos de gestión.

✊ Mopongo a atender clientes que me mandan audios de cinco minutos para pedirme opciones… y luego desaparecen.

✊ Mopongo a tener que sonreír mientras me gritan delante de otros porque les cancelaron un vuelo… como si yo pilotara el avión.

✊ Mopongo a invertir tiempo, empatía y recursos en una reserva que luego no se materializa porque “nos lo vamos a pensar”.

✊ Mopongo a que se confunda asesorar con regalar conocimiento. Y que se llame “comparar precios” a aprovecharse de nuestro trabajo.

✊ Mopongo a que si todo sale bien, fue gracias a la suerte; pero si algo falla, es culpa mía. Siempre mía.

✊ Mopongo a ser mago emocional para que cada cliente sienta que su viaje es único… aunque por detrás haya un Excel, tres proveedores y cien correos cruzados.

 

Lo que me quitan los de arriba

A veces parece que el verdadero cliente no es el viajero, sino el proveedor. Ellos ponen las normas, las comisiones, las condiciones. Yo las acato, las explico y me como los marrones. Y encima me piden que les dé las gracias. Pues no: yo también soy parte de esta cadena. Y exijo respeto.

✊ Mopongo a seguir cobrando como empleado y percibiendo como agencia una miseria en proporción al trabajo que realizo.

✊ Mopongo a que los proveedores me recorten márgenes diciendo que el riesgo lo tienen ellos… como si yo no me jugara nada.

✊ Mopongo a promocionar una oferta, generar interés, atraer clientes… y que cuando llamo, ya esté agotada. Pero si quieren, se la doy al doble de precio.

✊ Mopongo a tener que vender servicios que no me dan comisión o cuya comisión es ridícula, solo porque “hay que ofrecerlo todo”.

✊ Mopongo a que el proveedor cambie condiciones, vuelos o plazos… y sea yo quien dé la cara ante el cliente, como si trabajara en su departamento de crisis.

✊ Mopongo a que use para algunos proveedores mi escaparate, mi web, mis redes y mis clientes para promocionarles… sin que eso me genere ni un euro garantizado. Ni siquiera un gracias.

✊ Mopongo a que me traten como comercial gratuito cuando soy quien sostiene buena parte del negocio turístico.

✊ Mopongo a que se premie a las grandes plataformas por volumen y se cuestione cada céntimo que yo intento ganar con dignidad.

✊ Mopongo a ser comparado con webs sin rostro, sin oficina, sin servicio… pero que, cuando fallan, el cliente venga a mí a pedir solución.

 

Lo que doy y no se valora

Formación constante, herramientas digitales, escaparates bonitos, redes actualizadas, asesoramiento experto… y luego tengo que justificar por qué cobro gastos de gestión. ¿En serio? Mi trabajo es tan real como el del fontanero, el del notario o el del mecánico. Y como todos, también merece ser remunerado.

✊ Mopongo a invertir en formación, imagen, presencia online y herramientas… y aún así tener que explicar por qué cobro honorarios mínimos.

✊ Mopongo a que se confunda asesorar con regalar conocimiento. Y que se llame “comparar precios” a aprovecharse de mi trabajo.

✊ Mopongo a que me pidan presupuestos por WhatsApp como si encargaran un café con leche.

✊ Mopongo a que me dejen notas de voz eternas… y luego desaparezcan como si no hubieran pedido nada.

✊ Mopongo a atender a clientes con hojas de Excel donde comparan siete webs… como si yo fuera su auditor gratuito.

✊ Mopongo a gestionar una reserva, una modificación, una cancelación y una reclamación… sin haber cobrado ni un euro.

✊ Mopongo a que me exijan disponibilidad 24/7 y respuesta inmediata… pero no quieran pagar por ese nivel de servicio.

✊ Mopongo a tener que justificar con detalle los diez destinos que baraja un cliente… solo para ver si se digna a valorar mi presupuesto.

✊ Mopongo a que, si me digitalizo, me digan que ya no soy “una agencia de verdad”.

✊ Mopongo a que, aunque haga todo esto bien, aún tenga que sonreír cuando me preguntan si los gastos de gestión “son obligatorios”.

 

Lo que me deben… y nunca llega

Cuando hay ayudas, siempre llego tarde. Cuando hay medidas, nunca nos tienen en cuenta. Cuando hay campañas, somos los últimos de la fila. Pero cuando hay que pagar, cumplir, rendir cuentas… ahí sí que soy el primero. Pues lo siento: ya no trago más.

✊ Mopongo a que las ayudas lleguen tarde, mal o nunca… pero los impuestos, los requerimientos y las inspecciones lleguen puntuales como un tren suizo.

✊ Mopongo a pagar cuotas, licencias, seguros, tasas, formaciones y herramientas… solo para poder seguir respirando como autónomo.

✊ Mopongo a que los cursos de reciclaje no estén subvencionados, aunque mi trabajo cambie cada semana y cada temporada.

✊ Mopongo a que no haya ni una campaña pública que potencie el turismo emisor. Como si el que viaja fuera un problema, no una oportunidad.

✊ Mopongo a no disponer de herramientas que me ayuden a competir contra plataformas con millones detrás.

✊ Mopongo a que se modernicen sectores enteros con fondos europeos, mientras a las agencias nos piden que nos reinventemos con buena voluntad y Canva gratuito.

✊ Mopongo a que en los estudios oficiales de Turismo nadie enseñe cómo se saca adelante una agencia real, de las que pagan alquiler, nóminas y luz.

✊ Mopongo a que todo el mundo opine sobre turismo… pero nadie escuche a quienes lo vendemos, lo vivimos y lo sufrimos cada día.

✊ Mopongo a que se nos trate como si fuéramos una afición cara, cuando en realidad somos un motor que genera riqueza, empleo y conexiones humanas.

✊ Mopongo a que no exista un solo plan nacional de futuro para el canal de agencias de viajes. Como si fuéramos invisibles. Como si no importáramos.

 

Cuando el cliente viene con manual

Que si ha visto el viaje más barato, que si lo compara con siete webs, que si ya lo hizo solo el año pasado pero esta vez quiere “algo más especial”… y yo, con la sonrisa puesta, intentando no perder la fe. Pero esto no es un hobby. Es mi trabajo. Y no pienso regalarlo.

✊ Mopongo a invertir dos horas explicando destinos, rutas y alojamientos a alguien que aún no sabe ni con quién va a viajar.

✊ Mopongo a que me enseñen pantallazos de cruceros donde no están ni las tasas, ni las propinas… ni la gorra del capitán Stubing.

✊ Mopongo a que si yo cometo un fallo, se me exija indemnización, pero si el cliente olvida el pasaporte, sea “un error sin importancia”.

✊ Mopongo a que me pidan “algo más especial” que el viaje que reservaron ellos solos el año pasado… pero con más calidad, más sorpresas y menos presupuesto.

✊ Mopongo a que me exijan atención inmediata, empatía, ideas personalizadas… y se ofendan si menciono los gastos de gestión.

✊ Mopongo a que se valore más un buen precio que un buen viaje. Y más un clic que una conversación.

 

Cuando el WhatsApp sustituye a la cita

“¿Me haces un presupuesto por aquí?” “¿Me mandas tres ideas?” “¿Me cuentas qué hay para Tailandia?”… Todo por mensaje. Todo urgente. Todo sin compromiso. Y luego se ofenden si les pido una señal. Pues Mopongo.

✊ Mopongo a que me pidan un viaje completo por WhatsApp mientras ven la tele… y se indignen si no les respondo en diez minutos.

✊ Mopongo a que me digan que soy su agente de confianza, pero me traten como si fuera su chatbot personal.

✊ Mopongo a responder mensajes en la cola del súper, en el sofá a las 11 de la noche o en domingo… como si el móvil fuera una extensión de mi jornada.

✊ Mopongo a que WhatsApp se haya convertido en la nueva ventanilla exprés: todo se pide, nada se paga.

✊ Mopongo a que me pidan lo mismos los mismos por cinco canales a la vez —email, redes, WhatsApp, teléfono y web— y si tardo en uno, parezca que he desaparecido.

✊ Mopongo a que cuando pido orden, respeto o una cita formal, me digan que estoy “anticuado”.

✊ Mopongo a que me usen para hacerse una idea, contrastar datos o inspirarse… y luego reserven con otro por 20 euros menos.

 

Cuando se cruzan todas las líneas

Que me griten. Que me responsabilicen de lo que no depende de mí. Que me dejen tirado sin pagar. Que me comparen con Amazon, con TikTok o con la vecina que organiza viajes. No. Hasta aquí. Yo no soy su saco de boxeo. Ni su chatbot. Ni su asistente 24/7.

✊ Mopongo a que me levanten la voz en mitad de la oficina porque una aerolínea decidió cancelar un vuelo.

✊ Mopongo a que me digan “yo lo vi más barato en Google” como si eso anulara mi experiencia, mi trabajo y mi criterio.

✊ Mopongo a que me reclamen como si yo ofreciera un seguro emocional ilimitado y sin franquicia para cada drama mal gestionado.

✊ Mopongo a que crean que porque sonrío, no me canso. Que porque me apasiona, no tengo derecho a quejarme. Que porque me implico, me pueden usar.

✊ Mopongo a que quien no se ha formado, no ha madrugado ni se ha dejado la piel por los clientes… me robe el pan con una cuenta de Instagram.

✊ Mopongo a que me vean como un gasto innecesario… hasta que algo sale mal y entonces yo soy el responsable de todo.

✊ Mopongo a tener que pedir perdón por cobrar, por protegerme, por poner límites o por recordar que, aunque ame mi trabajo, también tengo dignidad.

 

Y aun así, aquí sigo

Porque sí. Porque a pesar de todo esto… sigo aquí.
Porque no quiero dejar este oficio. Solo quiero que deje de doler tanto ejercerlo.
Porque sé que somos muchos los que seguimos dándolo todo, día tras día, con dignidad, con vocación… y con las cicatrices que eso deja.

Así que si este texto te remueve, si te representa, si te arranca una sonrisa o una lágrima… no estás solo.
Y por si aún quedaba alguna duda:

Sí. Aun así, Mopongo.

Y si tú también Mopongas, dilo. Compártelo.
Grita que existimos.
No para pedir permiso.
Sino para que, de una vez por todas… nos escuchen.

Firmado:
Mopongo García.
Agente de viajes. Persona. Profesional. Y hasta el moño.

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