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Turismo online en 2026: ¿qué se está perdiendo tu agencia de viajes?

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El turismo ya lidera parte del ecommerce español: en 2026 la pregunta es qué parte de esa venta está capturando tu agencia

La venta online de viajes no es solo terreno de grandes plataformas. Si casi seis de cada diez españoles compran por internet y el turismo aparece entre las categorías clave del ecommerce, hay una oportunidad real para todo tipo de agencias, sea cual sea su tamaño. La cuestión ya no es si el cliente compra viajes online, sino si tu agencia está presente cuando busca, compara y decide.

La venta online de viajes ya no es “el futuro”: es el presente del cliente

Durante años, muchas agencias de viajes han mirado la venta online como si fuera una dimensión paralela. Algo importante, sí, pero más propio de grandes plataformas, bancos de camas, aerolíneas, metabuscadores, agencias online o gigantes tecnológicos con presupuestos imposibles de igualar.

Esa lectura quizá pudo tener sentido hace una década. Hoy se queda corta.

Porque el cliente ya no distingue tanto entre “mundo físico” y “mundo digital”. Busca en internet, pregunta por WhatsApp, compara precios en el móvil, mira reseñas, guarda publicaciones en redes, consulta vídeos de destinos, lee experiencias de otros viajeros y, cuando siente que tiene suficiente confianza, decide. A veces compra directamente en una web. A veces termina reservando en una agencia. A veces mezcla ambos caminos sin darle demasiadas vueltas.

El cliente no vive en canales separados. Vive en un proceso de decisión continuo.

Y ahí es donde la agencia de viajes debe hacerse una pregunta incómoda, pero necesaria: si el cliente ya está buscando, comparando y comprando viajes en internet, ¿en qué momento aparece tu agencia dentro de ese recorrido?

No hablamos solo de tener una web. Tampoco de publicar ofertas en redes de vez en cuando. Hablamos de estar presente con criterio cuando el cliente se inspira, cuando empieza a comparar, cuando necesita entender diferencias, cuando duda, cuando pide seguridad, cuando quiere ahorrar tiempo o cuando busca a alguien que le evite tomar una mala decisión.

Porque la venta online turística no consiste únicamente en cerrar una reserva en una página web. También empieza mucho antes: en la inspiración, en la confianza, en el contenido, en la respuesta rápida, en la forma de presentar una propuesta y en la capacidad de convertir una búsqueda dispersa en una decisión clara.

Por eso este artículo no va de decirle a una agencia que se convierta en Booking, Expedia o una OTA. Ese no es el camino. La reflexión es mucho más interesante: qué parte de la venta turística digital puede capturar mejor una agencia si deja de mirar internet como un escaparate ajeno y empieza a trabajarlo como parte natural de su actividad comercial.

Los datos no hablan de una moda: hablan de un cambio de comportamiento

Cuando se habla de ecommerce, a veces parece que hablamos de tecnología. Pero en realidad hablamos de hábitos. De cómo compra la gente. De cómo decide. De qué espera cuando quiere resolver algo rápido, comparar opciones o encontrar una solución sin desplazarse.

Y los datos son contundentes.

Según el INE, en 2025 el 59,6% de la población española de 16 a 74 años compró por internet en los tres últimos meses, 2,9 puntos más que en 2024. Es decir, comprar online ya no es una rareza ni una costumbre de perfiles muy concretos. Es un comportamiento masivo, normalizado y transversal.

Además, el propio INE señala que el 26,6% de la población de 16 a 74 años contrató online algún servicio de alojamiento en los tres últimos meses, mientras que el 26,5% contrató servicios de transporte. Estos dos datos son especialmente importantes para el sector turístico porque demuestran que no hablamos solo de comprar ropa, tecnología o entradas. El cliente también compra piezas centrales de su viaje por internet.

Por otro lado, el ONTSI sitúa el comercio electrónico B2C en España en 110.683 millones de euros en 2024, con un crecimiento del 11,5%, y eleva el gasto medio anual por comprador online hasta los 3.762 euros, un 13,8% más que el año anterior.

La lectura para una agencia de viajes es clara: el mercado digital no es un canal menor ni una moda pasajera. Es uno de los espacios donde el cliente ya está gastando dinero, tomando decisiones y acostumbrándose a recibir respuestas rápidas.

Eso no significa que todo deba venderse online. Tampoco que la agencia tenga que renunciar a su trato humano, a su experiencia o a su asesoramiento. Justo al contrario. Significa que ese valor profesional debe aparecer también en los espacios donde el cliente ya está tomando decisiones.

Porque si el cliente compara alojamientos desde el móvil, busca vuelos desde casa, consulta escapadas en redes y lee opiniones antes de preguntar, la agencia que solo aparece al final del proceso llega tarde. Puede cerrar la venta, sí. Pero muchas veces estará compitiendo contra una decisión que el cliente ya ha medio construido por su cuenta.

La oportunidad está en entrar antes.

Cuando el ecommerce habla de turismo, habla de vuelos, hoteles, agencias y turoperadores

El dato general del ecommerce español ya sería suficiente para prestar atención. Pero lo realmente relevante para una agencia llega cuando se observa qué categorías tienen más peso dentro de esa venta online.

La CNMC confirma que el comercio electrónico en España alcanzó los 29.296 millones de euros en el tercer trimestre de 2025, un 19,3% más que en el mismo periodo del año anterior. Dentro de ese volumen, las agencias de viajes y operadores turísticos aparecen como la rama con mayor porcentaje de facturación, con el 10,8% del total. A continuación, también dentro del universo turístico, aparecen el transporte aéreo, con el 6,6%, y los hoteles y alojamientos similares, con el 5,4%.

Dicho de otra forma: el turismo no está entrando tímidamente en el ecommerce español. El turismo ya es una de sus grandes columnas.

Esto es importante porque desmonta una idea muy extendida: pensar que la venta online turística pertenece solo a grandes corporaciones. Evidentemente, las grandes plataformas tienen músculo, tecnología, inversión publicitaria, datos y una capacidad enorme para captar demanda. Pero eso no significa que la agencia independiente, la agencia especializada, la agencia de barrio, la agencia vacacional, la agencia corporativa o la agencia de nicho no tengan espacio.

El espacio existe. Lo que cambia es la forma de trabajarlo.

Una agencia no tiene por qué competir en volumen con una plataforma global. Pero sí puede competir en cercanía, especialización, rapidez de respuesta, selección de producto, confianza, seguimiento y capacidad para explicar aquello que una web no siempre consigue explicar bien.

Un cliente puede reservar un hotel online. Pero puede dudar si esa zona le conviene. Puede no saber si el horario del vuelo le destroza el primer día. Puede no entender las condiciones de una tarifa. Puede pensar que está comparando productos iguales cuando no lo son. Puede dejarse llevar por el precio y terminar en una experiencia que no encaja con lo que necesitaba.

Ahí la agencia tiene terreno.

Pero para aprovecharlo, debe estar presente de forma más activa. No basta con esperar a que el cliente pida presupuesto cuando ya ha comparado diez webs. La agencia tiene que aparecer antes, con contenido útil, propuestas claras, mensajes bien segmentados y una forma de comunicar que ayude al cliente a decidir mejor.

En este punto, la venta online no debe verse como una amenaza. Debe verse como una señal. El cliente ya está comprando turismo en internet. Por tanto, la agencia debe preguntarse qué parte de ese proceso puede acompañar, mejorar o convertir en oportunidad.

El cliente no compra “online” u “offline”: compra donde le resulta más fácil confiar y decidir

Uno de los errores más habituales al analizar la venta digital es plantearla como una guerra entre internet y la agencia física. Como si el cliente tuviera que elegir entre una cosa u otra. Como si reservar en internet significara rechazar al agente. Como si entrar en una agencia implicara no haber mirado nada antes.

La realidad es mucho más mezclada.

Un cliente puede descubrir un destino en Instagram, buscar vuelos en Google, mirar hoteles en una OTA, preguntar a un amigo, leer reseñas, ver vídeos en YouTube y, después de todo eso, escribir a su agencia de confianza para que le ayude a ordenar el viaje. Otro puede pedir presupuesto en la agencia, pensarlo en casa, comparar por internet y volver solo si siente que la propuesta tiene un valor real. Otro puede reservar el vuelo directamente y acudir a la agencia para el circuito, el crucero, el seguro, el viaje combinado, el grupo o la parte que le genera más inseguridad.

La venta turística actual no es lineal. Es híbrida, fragmentada y muy influida por la confianza.

Por eso, la pregunta no debería ser si una agencia vende online o vende presencialmente. La pregunta debería ser si está preparada para acompañar al cliente en ese recorrido desordenado en el que inspiración, comparación, duda y compra se mezclan constantemente.

Aquí aparece una oportunidad enorme. Porque las grandes plataformas suelen ser muy buenas en disponibilidad, precio, rapidez y volumen. Pero no siempre son buenas en criterio personalizado. No conocen de verdad al cliente. No saben si esa familia necesita un hotel tranquilo o si ese viajero senior prefiere evitar aeropuertos enormes. No saben si esa pareja busca desconexión real o solo una foto bonita. No saben si ese grupo necesita más flexibilidad, mejor asistencia o un proveedor especialmente fiable.

La agencia sí puede saberlo.

Pero para convertir ese conocimiento en venta, tiene que trasladarlo también a su forma de comunicar en digital. A su web, a sus campañas, a sus mensajes, a sus respuestas de WhatsApp, a sus newsletters, a sus publicaciones, a sus formularios y a su seguimiento.

Porque el cliente no siempre elegirá al más barato. Muchas veces elegirá al que le ayude a decidir con menos ruido.

Y ahí una agencia bien preparada puede vender mucho más de lo que cree.

Quién está comprando viajes en internet: cuatro perfiles que tu agencia debería mirar mejor

Cuando miramos los datos de comercio electrónico, hay una tentación peligrosa: quedarse solo con el volumen. Millones de euros, porcentajes de crecimiento, categorías que suben, compradores online que aumentan. Todo eso importa, pero para una agencia de viajes la pregunta decisiva es otra: ¿quién hay detrás de esos datos?

Porque una cosa es saber que el cliente compra turismo por internet y otra muy distinta es entender qué tipo de cliente lo hace, cómo decide y dónde puede aportar valor la agencia.

El primer perfil es el joven-adulto digital, especialmente entre los 25 y los 44 años. Eurostat identifica a los grupos de 25 a 34 años y 35 a 44 años como grandes impulsores del ecommerce en Europa, y el INE muestra que el uso de IA generativa en España también es muy alto en esas franjas: 59,3% entre 25 y 34 años y 43,8% entre 35 y 44 años. No hablamos ya de clientes que “entran en internet”. Hablamos de clientes que comparan, preguntan, compran, usan herramientas digitales y empiezan a integrar la inteligencia artificial en su vida cotidiana. (ec.europa.eu, ine.es)

Para una agencia, este perfil exige rapidez, claridad y una propuesta bien presentada. Si la respuesta llega tarde, si el texto parece genérico o si la oferta no explica bien por qué merece la pena reservar contigo, el cliente se irá a otro sitio sin hacer demasiado ruido. No porque no valore al agente, sino porque está acostumbrado a decidir con mucha información delante.

El segundo perfil es el cliente planificador, muchas veces familiar, aunque no exclusivamente. Es el cliente que compra alojamiento y transporte online, pero que no siempre quiere asumir toda la responsabilidad de organizar el viaje. Puede comparar hoteles, mirar vuelos, revisar reseñas y calcular precios, pero cuando hay niños, fechas escolares, conexiones, seguros, cancelaciones, habitaciones comunicadas, traslados o requisitos especiales, la cosa cambia.

Aquí la agencia tiene un espacio muy claro: reducir incertidumbre. No se trata solo de vender un paquete. Se trata de evitar errores, ordenar opciones y convertir una búsqueda agotadora en una decisión tranquila. Para este cliente, la agencia debe comunicar seguridad, previsión y facilidad. No basta con decir “te buscamos el mejor viaje”. Hay que demostrar que entiendes todo lo que puede salir mal si alguien reserva solo por precio.

El tercer perfil es el senior de alto valor. Cetelem ha señalado que, en determinados periodos vacacionales, los mayores de 55 años pueden mostrar una intención de viaje inferior a la media, pero con un gasto previsto más elevado. En verano de 2025, por ejemplo, el gasto medio previsto para vacaciones se situaba en 1.395 euros entre quienes iban a viajar, mientras que en el tramo de 55 a 59 años subía hasta 1.925 euros. (elobservatoriocetelem.es)

Este dato es muy relevante para las agencias. El senior no siempre busca hacerlo todo solo en internet. Puede informarse online, sí, pero valora la confianza, la asistencia, la claridad de condiciones y la tranquilidad de saber que alguien responde si aparece un problema. Circuitos, cruceros, viajes culturales, grupos acompañados, grandes viajes y escapadas con comodidad pueden encontrar aquí un terreno natural.

El cuarto perfil es quizá el más interesante: el comprador híbrido. Es el cliente que vive entre los dos mundos. Busca online, compara online, guarda enlaces, mira opiniones, pregunta a conocidos y quizá reserva una parte del viaje por su cuenta. Pero también puede acudir a la agencia cuando el viaje se complica, cuando el importe sube, cuando viaja con más personas, cuando necesita seguridad o cuando quiere que alguien le confirme si lo que ha encontrado tiene sentido.

Este perfil no está perdido. Pero tampoco se gana por inercia.

El comprador híbrido no necesita que le digas que internet es peligroso. Necesita que le demuestres que contigo decide mejor.

Y esa es una diferencia enorme. Si la agencia le habla desde el miedo, probablemente lo perderá. Si le habla desde el criterio, puede recuperarlo. Puede decirle: “esto que has encontrado está bien, pero cuidado con esta escala”; “ese hotel tiene buena nota, pero la ubicación no encaja con lo que quieres”; “por esa diferencia, yo no eliminaría el seguro”; “si el viaje es para toda la familia, esta opción te va a dar menos problemas”.

Ese tipo de valor no lo vende una plataforma con la misma fuerza. Lo vende un profesional que sabe interpretar la información.

Qué se está comprando: no solo viajes, también comodidad, tiempo y seguridad

Cuando una persona compra online un servicio turístico, no siempre está comprando solo un vuelo, un hotel o una escapada. Muchas veces está comprando algo más profundo: ahorrar tiempo, evitar complicaciones, tener disponibilidad inmediata, comparar sin presión, reservar cuando le viene bien o sentir que controla el proceso.

Ese matiz es importante para una agencia.

La CNMC separa claramente algunas de las categorías turísticas con más peso dentro del ecommerce: agencias de viajes y operadores turísticos, transporte aéreo y alojamientos. El INE, por su parte, confirma que alojamiento y transporte están entre las compras online realizadas por la población española. Son piezas distintas del viaje, pero juntas dibujan un comportamiento claro: el cliente ya está comprando por internet partes esenciales de su experiencia turística. (cnmc.es, ine.es)

Ahora bien, que el cliente compre por internet no significa que siempre compre bien. Puede comprar rápido, pero no necesariamente con criterio. Puede encontrar disponibilidad, pero no interpretar condiciones. Puede comparar precios, pero no comparar valor. Puede reservar un hotel, pero no saber si ese hotel encaja con el tipo de viaje que quiere vivir.

Ahí la agencia tiene una oportunidad extraordinaria.

Porque una agencia no debe limitarse a vender lo mismo que se vende online. Debe vender mejor aquello que el cliente no sabe valorar solo. Una buena combinación de vuelos. Un hotel por ubicación real, no solo por nota media. Un circuito por ritmo y calidad de guía, no solo por itinerario. Un crucero por perfil de naviera, no solo por precio. Un seguro por coberturas útiles, no solo por coste. Una excursión por experiencia, no solo por duración.

La agencia no compite contra internet cuando aporta criterio. Compite contra la indiferencia cuando se limita a reenviar precios.

Por eso, el dato del ecommerce debe leerse con inteligencia. Si el cliente compra alojamiento online, la agencia debe preguntarse si está explicando suficientemente bien por qué determinados alojamientos merecen su recomendación. Si compra transporte online, debe preguntarse si está aportando valor en conexiones, horarios, aeropuertos, equipaje, incidencias o comodidad. Si compra paquetes o productos de turoperador online, debe preguntarse si está comunicando con claridad qué seguridad, acompañamiento o ventaja aporta reservar con un profesional.

No se trata de pelear cada clic. Se trata de elegir mejor dónde puede ganar la agencia.

Y muchas veces puede ganar donde el cliente siente que hay más riesgo, más importe, más incertidumbre o más necesidad de personalización.

Destinos, temporadas y ventanas de oportunidad: dónde puede jugar mejor una agencia

Los datos también ayudan a romper otra idea peligrosa: pensar que la venta turística online es solo vuelo barato y hotel suelto. La realidad es bastante más amplia.

Los informes recientes de consumo muestran que los españoles siguen manteniendo una intención fuerte de viajar. Cetelem situaba en el 78% la intención de viajar durante el verano de 2025, con un gasto medio previsto de 1.395 euros entre quienes iban a hacerlo. Además, señalaba que los conceptos de alojamiento y transporte concentraban partidas importantes del presupuesto vacacional. (elobservatoriocetelem.es)

En Semana Santa, el mismo observatorio apuntaba que el 44% de los españoles tenía intención de viajar, con un gasto medio previsto de 856 euros. También destacaba que ocho de cada diez de esos viajeros pensaban hacerlo por España, con preferencias por turismo rural, playa y ciudad. (elobservatoriocetelem.es)

Esto no es solo información de contexto. Para una agencia, es material de trabajo.

Si sabes que Semana Santa concentra intención de viaje nacional, puedes preparar campañas de escapadas con antelación. Si sabes que el verano mantiene intención alta, puedes segmentar mejor entre familias, parejas, seniors y clientes que buscan experiencias. Si sabes que alojamiento y transporte son partidas relevantes, puedes construir mensajes que no solo vendan destino, sino comodidad, reserva anticipada, mejor combinación y reducción de problemas.

Por otro lado, los datos de plataformas de alojamiento también ayudan a entender hacia dónde mira la demanda. Eurostat registró 951,6 millones de noches en alojamientos de corta estancia reservadas a través de plataformas online en la UE en 2025, un 11,4% más que en 2024. España aparece con especial fuerza en ese mapa: Andalucía lideró las regiones europeas en el segundo trimestre de 2025, con 13,3 millones de noches reservadas a través de plataformas online. (ec.europa.eu)

La lectura para una agencia no debe ser “las plataformas nos quitan todo”. Esa lectura lleva años encima de la mesa y no ayuda demasiado. La lectura más útil es otra: hay una demanda enorme reservando alojamiento online, y parte de esa demanda puede necesitar ayuda para elegir mejor, combinar mejor o viajar con más seguridad.

Además, los destinos urbanos siguen teniendo una presencia muy fuerte en los hábitos de reserva. Booking.com, en su balance de viajeros Genius españoles de 2025, situó entre los destinos nacionales destacados ciudades como Madrid, Sevilla, Barcelona, Granada, Valencia, Málaga, Córdoba, Bilbao, Zaragoza y Santiago de Compostela. (news.booking.com)

Para la agencia, esto abre una vía muy concreta: escapadas urbanas, puentes, fines de semana culturales, viajes gastronómicos, tren más hotel, hotel con experiencia, visitas guiadas, entradas, seguros, traslados y recomendaciones personalizadas.

No todo tiene que ser un gran viaje. A veces la oportunidad está en vender mejor lo que el cliente ya está dispuesto a comprar online, pero con una capa de valor que la plataforma no le da.

La agencia no necesita inventar la demanda. Necesita aprender a leerla antes y activarla mejor.

La gran pregunta: si el cliente ya está ahí, ¿dónde está tu agencia?

Después de ver los datos, la reflexión es inevitable. Si el cliente ya compra alojamiento online, reserva transporte por internet, compara destinos, mira escapadas, consulta reseñas y toma decisiones desde el móvil, la agencia no puede seguir actuando como si todo empezara cuando alguien entra por la puerta o pide presupuesto por WhatsApp.

La venta empieza mucho antes de la solicitud. Empieza cuando el cliente se inspira.

Y ahí muchas agencias todavía llegan tarde.

Llegan tarde porque su web no explica bien qué venden ni por qué merece la pena contactar. Llegan tarde porque sus redes publican ofertas sin contexto. Llegan tarde porque sus newsletters son irregulares o demasiado genéricas. Llegan tarde porque no trabajan bien su base de datos. Llegan tarde porque responden cuando el cliente ya ha comparado cinco opciones y solo busca que alguien le mejore el precio.

No es un problema de tamaño. Una agencia pequeña puede comunicar muy bien. Una agencia grande puede hacerlo mal. Una especializada puede tener una comunidad potentísima. Una agencia de barrio puede conocer mejor que nadie a sus clientes. Una agencia corporativa puede detectar necesidades antes de que el cliente las formalice.

El problema no es ser grande o pequeño. El problema es no tener una estrategia clara para estar presente cuando el cliente está decidiendo.

Eso implica trabajar mejor varias capas: contenido útil, campañas segmentadas, respuestas rápidas, mensajes adaptados por perfil, seguimiento de presupuestos, recuperación de clientes antiguos y comunicación constante con sentido.

No se trata de inundar al cliente. Se trata de aparecer con oportunidad.

Una agencia que sabe que sus clientes viajan en puentes puede anticiparse. Una agencia que tiene familias en su base de datos puede preparar contenidos antes de vacaciones escolares. Una agencia que trabaja seniors puede explicar circuitos, cruceros y viajes culturales desde la seguridad. Una agencia que vende larga distancia puede hablar de visados, escalas, seguros y combinaciones cómodas antes de que el cliente se líe solo.

La agencia que espera a que le pregunten compite por precio. La agencia que se adelanta compite por confianza.

No tienes que competir como Booking: tienes que vender lo que Booking no puede vender igual que tú

Sería absurdo pedir a una agencia que compita con las grandes plataformas en volumen, tecnología o inversión publicitaria. Booking, Expedia, eDreams, aerolíneas y cadenas hoteleras juegan con otra escala. Tienen millones de usuarios, automatización, datos, presencia internacional y equipos enormes.

Pero la agencia tiene otra ventaja: puede conocer mejor a su cliente.

Una plataforma puede mostrar cien hoteles. Una agencia puede decir cuál encaja. Una web puede ordenar resultados por precio, nota o ubicación. Una agencia puede advertir que esa zona no conviene, que ese horario es incómodo, que esa tarifa no incluye lo importante o que ese circuito tiene un ritmo demasiado exigente para ese viajero concreto.

El valor de la agencia no está en enseñar más opciones. Está en reducir el ruido.

Y ese valor se puede vender también en digital.

Se puede vender en una web que explique especialización, no solo productos. En una newsletter que no sea un escaparate de ofertas, sino una selección con criterio. En un WhatsApp bien escrito que no parezca copiado de un folleto. En una publicación que traduzca una noticia turística en oportunidad real. En un seguimiento que recuerde al cliente por qué preguntó y qué puede perder si espera demasiado.

Aquí hay una diferencia importante. Muchas agencias piensan que vender online significa tener un motor de reservas. Puede ser una opción, pero no es la única. Vender online también es generar una conversación cualificada. Es conseguir que un cliente pida una propuesta. Es activar una base de datos. Es recuperar un presupuesto parado. Es llevar tráfico hacia un formulario útil. Es convertir una publicación en una consulta.

Por tanto, la agencia no tiene que imitar a una plataforma. Tiene que hacer algo más inteligente: usar el entorno digital para vender su criterio profesional.

Eso exige claridad. Si tu agencia es buena en viajes familiares, dilo. Si sabe vender cruceros, explícalo. Si domina viajes de novios, demuéstralo. Si trabaja grupos, circuitos, empresa, escapadas premium o destinos concretos, conviértelo en contenido, no lo escondas detrás de ofertas sueltas.

El cliente online no siempre busca al más barato. Muchas veces busca al que le dé más seguridad para decidir.

Dónde entra la IA: menos improvisación y más capacidad comercial

La inteligencia artificial encaja aquí no como adorno tecnológico, sino como herramienta de trabajo. Porque una agencia no necesita más tareas. Necesita hacer mejor las que ya tiene.

La IA puede ayudar a analizar datos, resumir tendencias, adaptar mensajes, crear versiones por perfil de cliente, preparar campañas, revisar textos, generar ideas de contenido, ordenar argumentos de venta y recuperar oportunidades que antes se quedaban perdidas entre correos, notas y presupuestos.

Pero hay una condición: hay que saber dirigirla.

Pedirle a ChatGPT “hazme un post de viajes” suele producir un texto más. Pedirle que analice un perfil de cliente, adapte una oferta a una familia con niños, convierta una noticia aérea en argumento comercial o prepare tres mensajes distintos para clientes indecisos cambia mucho más las cosas.

La diferencia no está en usar IA. Está en usarla con intención.

El dato del INE también ayuda a entender el momento. En 2025, el 37,9% de la población española de 16 a 74 años había utilizado IA generativa, y el uso era especialmente alto entre los perfiles jóvenes: 75,6% entre 16 y 24 años y 59,3% entre 25 y 34 años. Si el cliente empieza a usar IA para informarse, comparar o inspirarse, la agencia no puede permitirse aprender demasiado tarde. (ine.es)

Además, IAB Spain ya recoge el uso de IA dentro del proceso de compra online y señala que quienes la utilizan valoran especialmente el ahorro de tiempo y la comparación de precios. Esa es una señal importante: el cliente no solo busca información, busca ayuda para decidir más rápido. (iabspain.es)

Y si el cliente usa herramientas para comparar mejor, la agencia debe usar herramientas para responder mejor.

No para sustituir su criterio. Para multiplicarlo.

Una agencia puede usar IA para preparar una campaña de Semana Santa, segmentar mensajes por tipo de viajero, revisar qué destinos encajan con su base de datos, generar contenidos para redes, crear emails más claros, mejorar respuestas de WhatsApp o transformar una tabla de presupuestos en oportunidades de seguimiento.

No es ciencia ficción. Es trabajo diario con más método.

Llegar a temporada alta con método, no con más caos

El problema de la temporada alta es que no perdona la improvisación. Cuando llegan las prisas, los cambios, las llamadas, las dudas, las urgencias, los presupuestos pendientes y los clientes esperando respuesta, ya no hay tiempo para aprender con calma.

Por eso este debate no va solo de vender online. Va de prepararse.

Si el ecommerce turístico crece, si el cliente compra viajes por internet, si compara cada vez más y si la IA empieza a formar parte del proceso de compra, la agencia necesita una respuesta profesional. No una reacción de última hora.

Necesita aprender a comunicar mejor, responder antes, segmentar con más intención, analizar oportunidades y convertir su conocimiento en acciones digitales concretas.

No se trata de trabajar más. Se trata de dejar de trabajar siempre igual.

Ahí es donde entra DOMINA ChatGPT – IA para Agentes de Viajes, el curso de SoloAgentes Academy. Una formación práctica de 30 horas pensada para que cualquier agente aprenda a usar la inteligencia artificial en tareas reales: redacción de propuestas, atención al cliente, análisis de mercado, campañas, contenidos, imágenes, GPTs personalizados y organización del trabajo diario.

El curso está basado en ChatGPT porque es la herramienta de inteligencia artificial más reconocida y utilizada del mercado, pero el aprendizaje no se queda encerrado en una sola plataforma. Cuando aprendes a dar contexto, estructurar una petición, adaptar el tono, analizar información y convertir respuestas en acciones comerciales, ese criterio también te sirve para trabajar mejor con Claude, Gemini y cualquier otra inteligencia artificial que venga después.

La herramienta puede cambiar. La forma de pensar es lo que te llevas.

Y quizá esta sea la pregunta que toda agencia debería hacerse antes de que la temporada alta vuelva a ponerlo todo cuesta arriba: si no puedes encontrar 30 horas para aprender algo que puede ayudarte a ahorrar tiempo, vender con más intención y responder mejor, ¿el problema es realmente la agenda o es que sigues intentando competir en 2026 con hábitos de trabajo de otra época?

El cliente ya busca, compara y compra turismo online.

La oportunidad existe.

Ahora falta decidir si tu agencia va a verla pasar o va a aprender a capturarla mejor.

 

VENTA DEL TURISMO ONLINE 2026 – LAS CLAVES

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Fundador y director de SoloAgentes, el ecosistema de medios, formación e innovación enfocado en agencias de viajes y proveedores turísticos. Mi trabajo se basa en generar contenidos útiles, persuasivos y con impacto comercial real para el sector.

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