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El informe “Turismo religioso en España” muestra una gran oportunidad turística

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Un estudio de ObservaTUR, ReiniziaT y Task ONE, con el apoyo de la Junta de Andalucía e IAG7 Viajes, sitúa a España entre los grandes referentes internacionales de un segmento que mezcla fe, cultura, patrimonio y nuevas experiencias de viaje

El turismo religioso ha dejado de ser una modalidad asociada únicamente a peregrinaciones tradicionales, viajes parroquiales o visitas devocionales a grandes santuarios. El segmento vive una transformación profunda y se abre paso como una de las corrientes turísticas con mayor recorrido dentro del mercado internacional, en un momento en el que el viajero busca experiencias con más sentido, más relato y una conexión más auténtica con los destinos.

Esa es una de las principales conclusiones del estudio “Turismo religioso en España. Un viaje al interior de un segmento en transformación”, presentado hoy en Málaga, en la sede de Turismo de Andalucía. El trabajo ha sido desarrollado por ObservaTUR, junto a las consultoras especializadas en turismo ReiniziaT y Task ONE, y ha contado con el patrocinio de la Consejería de Turismo y Andalucía Exterior de la Junta de Andalucía y de IAG7 Viajes, grupo que dispone de dos firmas especializadas en este ámbito: AXIS Peregrinaciones y Marly Camino.

En el acto de presentación han intervenido Gemma del Corral, directora general de Promoción y Fomento del Turismo y la Hostelería de la Junta de Andalucía; Ángel Muñoz, CEO del Grupo IAG7 Viajes; Marcos Franco, de ReiniziaT y ObservaTUR; y José María Paredes, de Task ONE. La puesta de largo del informe ha servido para subrayar una idea central: España tiene una posición privilegiada en este segmento, pero el verdadero reto está en transformar su enorme patrimonio religioso y espiritual en una oferta turística más estructurada, más profesionalizada y más conectada con las nuevas demandas del viajero.

El estudio, en el que han participado más de una docena de expertos y para el que se han consultado más de un centenar de fuentes, sostiene que el turismo de fe vive uno de los momentos de mayor auge de su historia. A escala global, esta modalidad mueve ya a más de 300 millones de personas al año y mantiene unas previsiones de crecimiento anual cercanas al 10%, impulsada por una demanda cada vez más interesada en experiencias culturales, emocionales, patrimoniales y espirituales.

España, entre los grandes destinos mundiales del turismo religioso

En este escenario internacional, España aparece situada como una de las grandes potencias del turismo religioso, junto a Italia y Tierra Santa. El peso histórico del Camino de Santiago, la fuerza de la Semana Santa, la relevancia de grandes santuarios como El Rocío, Montserrat o El Pilar, y la enorme riqueza patrimonial vinculada a la Iglesia convierten al país en uno de los territorios con mayor capacidad de desarrollo dentro de este segmento.

Las cifras que recoge el informe permiten dimensionar esa posición. España cuenta actualmente con 78 catedrales y más de 3.100 Bienes de Interés Cultural vinculados a la Iglesia, incluidos 18 declarados Patrimonio de la Humanidad. Esta red patrimonial no solo tiene valor religioso o histórico, sino también una enorme capacidad para generar actividad turística, diversificar la oferta, activar destinos menos masificados y contribuir a la desestacionalización.

Según las estimaciones recogidas en el estudio, entre 17 y 20 millones de españoles realizan viajes relacionados, total o parcialmente, con motivaciones religiosas o patrimoniales. Se trata de una cifra conservadora, construida a partir de realidades diversas: visitas a templos y santuarios, participación en eventos efímeros, asistencia a grandes manifestaciones religiosas y viajes vinculados a celebraciones de fuerte arraigo cultural.

Sin embargo, el interés del informe no está únicamente en las cifras. Su principal valor reside en el cambio de mirada. El turismo religioso en España ya no se entiende solo como una práctica vinculada a la fe, sino como un fenómeno mucho más amplio, donde conviven espiritualidad, cultura, patrimonio, identidad, bienestar, naturaleza, gastronomía y búsqueda personal.

Un nuevo viajero: más emocional, más diverso y más difícil de encasillar

Uno de los elementos más relevantes del estudio es la aparición de un nuevo perfil de turista religioso. El viajero actual no responde necesariamente al estereotipo clásico de persona mayor vinculada a una práctica religiosa formal. Ese público sigue existiendo y mantiene un peso importante, pero convive con nuevos perfiles mucho más transversales.

El informe identifica un crecimiento de viajeros jóvenes, grupos intergeneracionales, visitantes urbanos y personas que no siempre mantienen una relación estrecha con instituciones religiosas, pero que sí muestran interés por experiencias auténticas, significativas y emocionalmente potentes. En muchos casos, el viajero no se aproxima al destino desde la devoción, sino desde la cultura, el arte, la historia, la espiritualidad abierta o la necesidad de encontrar espacios de pausa y reflexión.

La pandemia también aparece como un punto de inflexión. Tras la crisis sanitaria, muchos viajeros han reforzado la búsqueda de viajes con mayor carga simbólica, más vinculados al bienestar emocional y menos centrados en el consumo turístico rápido. En este contexto, el turismo espiritual, las rutas con relato, las visitas tematizadas, los itinerarios culturales, las experiencias inmersivas y las propuestas que mezclan naturaleza, gastronomía y patrimonio ganan protagonismo frente al modelo tradicional basado únicamente en la contemplación monumental.

Para las agencias de viajes y los turoperadores, esta evolución abre un campo de trabajo mucho más amplio. El turismo religioso ya no se limita a vender peregrinaciones clásicas a destinos consolidados. También permite construir escapadas culturales, viajes de grupo, rutas de autor, productos combinados, experiencias de interior, propuestas para públicos senior, viajes intergeneracionales y programas capaces de conectar con clientes que quizá nunca pedirían “un viaje religioso”, pero sí una experiencia con alma, sentido y autenticidad.

Andalucía, una de las grandes referencias del segmento

El estudio dedica una atención especial a Andalucía, a la que sitúa como uno de los territorios que más ha avanzado en el posicionamiento del turismo religioso. La comunidad se ha convertido en uno de los referentes del sector gracias a una estrategia específica de internacionalización y a un inventario de más de un centenar de iniciativas vinculadas al turismo de culto, entre rutas, itinerarios, museos de arte sacro, celebraciones, eventos y construcciones religiosas.

La fortaleza andaluza no se explica solo por la magnitud de su patrimonio o por la proyección de celebraciones como la Semana Santa. Su valor diferencial está en la capacidad de integrar devoción, identidad popular, cultura, emoción, patrimonio, tradición y experiencia turística. Esa mezcla conecta especialmente bien con las nuevas motivaciones del viajero, que busca propuestas más completas y menos encorsetadas.

En este sentido, Andalucía funciona como un laboratorio especialmente interesante para el sector. Sus recursos permiten desarrollar productos para diferentes mercados, perfiles y momentos del año. Además, su estrategia pone sobre la mesa una de las claves del futuro del segmento: no basta con tener patrimonio. Hay que convertirlo en producto, dotarlo de relato, facilitar su comercialización y presentarlo de forma comprensible para el viajero y para el canal de distribución.

El gran reto: pasar del patrimonio al producto vendible

Pese al momento favorable, el estudio también señala con claridad los desafíos que afronta el turismo religioso en España. El país dispone de un patrimonio extraordinario, de una agenda potente y de una demanda en crecimiento, pero todavía existe una distancia importante entre el recurso disponible y el producto turístico estructurado.

Ese es, probablemente, uno de los puntos más relevantes para el sector de las agencias. España tiene iglesias, monasterios, santuarios, caminos, fiestas, archivos, arte sacro, rutas históricas y celebraciones únicas. Pero no todo ese contenido llega al mercado en forma de producto reservable, paquetizable y comercializable. En muchos casos falta coordinación entre administraciones, entidades religiosas, destinos y empresas. En otros, falta digitalización, medición, relato o interlocución profesional.

El informe plantea la necesidad de avanzar en la profesionalización de la oferta, mejorar la coordinación entre los actores implicados, transformar el patrimonio en productos turísticos adaptados a las nuevas demandas y desarrollar sistemas de medición más sólidos. De hecho, el trabajo propone 40 líneas de acción para consolidar el crecimiento del segmento e incluso un sistema de medición compuesto por 16 indicadores, ante la dispersión de fuentes que todavía dificulta dimensionar con precisión el fenómeno.

El equilibrio entre autenticidad y comercialización aparece como otro de los grandes retos. El turismo religioso tiene un enorme potencial económico, pero no puede desarrollarse vaciando de sentido los espacios, las tradiciones o las prácticas que le dan valor. Su fuerza está precisamente en esa combinación delicada entre patrimonio, emoción, espiritualidad, cultura y experiencia. Convertirlo en producto turístico no significa banalizarlo, sino hacerlo accesible, comprensible y sostenible.

Una oportunidad para agencias, destinos y turoperadores

Desde una lectura empresarial, el turismo religioso puede convertirse en una vía de especialización para agencias y turoperadores que buscan producto con más margen narrativo, mayor capacidad de fidelización y menor dependencia de los grandes ciclos vacacionales. Su calendario propio, vinculado a festividades, peregrinaciones, aniversarios, años jubilares y eventos, permite generar actividad en momentos menos saturados del año.

Además, su carácter híbrido facilita la creación de propuestas muy diferentes. Un mismo producto puede combinar patrimonio, alojamiento con encanto, gastronomía local, visitas guiadas, rutas de naturaleza, encuentros culturales, experiencias de silencio, conciertos, talleres, celebraciones populares o visitas privadas a espacios de especial valor histórico. Esa versatilidad permite adaptar el viaje a perfiles muy distintos, desde grupos parroquiales hasta viajeros culturales, asociaciones, seniors, familias o clientes interesados en experiencias de bienestar y desconexión.

Para el canal de agencias, la clave estará en entender que el cliente no siempre pedirá este producto con la etiqueta de “turismo religioso”. En muchos casos buscará un viaje cultural, una ruta con historia, una escapada diferente, una experiencia espiritual, un camino personal o una propuesta tranquila en un destino con identidad. Ahí es donde el agente de viajes puede aportar valor: interpretando la motivación real del cliente y conectándola con una oferta que todavía tiene mucho recorrido por delante.

2026, un año clave por los jubileos y la visita del Papa León XIV

El calendario también juega a favor. El estudio señala 2026 como un año especialmente relevante para el turismo religioso en España, por la coincidencia de diversos eventos jubilares, nuevas rutas de peregrinación y la visita del Papa León XIV, prevista del 6 al 12 de junio.

Entre los hitos destacados figuran el Año Jubilar del Santo Cáliz, el de San Juan de la Cruz, el VIII Centenario de la Catedral de Toledo y el Año Jubilar de la Virgen de la Cabeza, que arrancará el 4 de octubre. El informe también menciona nuevos itinerarios jacobeos previstos para 2026, entre ellos rutas costeras para hacer el Camino de Santiago.

La investigación recoge, además, una aproximación al impacto económico que podría generar la visita del Papa León XIV, con una estimación situada entre 90 y 125 millones de euros. Sin embargo, el propio estudio subraya que el valor más importante puede estar en el efecto escaparate: la capacidad de acelerar el interés por España como país de peregrinación, patrimonio sacro y experiencias espirituales.

Este punto resulta especialmente importante para destinos, agencias y operadores. La visita del Papa no debe leerse únicamente como un acontecimiento religioso o institucional, sino también como una oportunidad turística de primer orden. Puede activar desplazamientos, reforzar la visibilidad internacional de España, impulsar productos ya existentes y abrir la puerta a nuevas propuestas vinculadas a la fe, la cultura y el patrimonio.

El turismo religioso, a debate tras la presentación

Tras la presentación del estudio se celebró una mesa de debate centrada en el momento actual del turismo religioso y sus posibilidades de desarrollo. En ella participaron Diego García, gerente de Axis Peregrinaciones by IAG7 Viajes; Juan Jaramillo Patiño, sacerdote de la Diócesis de Santander y experto en turismo religioso; Pilar Gómez Bahamonde, directora de la Fundación Camino Lebaniego; Mª Dolores López, delegada de Turismo de la Diócesis de Guadix y directora de Viajes San Cecilio; y Encarnación Giráldez, coordinadora técnica de la Ruta Cultural Caminos de Pasión. La mesa estuvo moderada por Marcos Franco, socio fundador de ReiniziaT y de ObservaTUR.

Durante el encuentro se abordaron cuestiones vinculadas al producto religioso, la comercialización, el papel de los destinos, la implicación de las instituciones religiosas, la participación del sector privado y las tendencias de futuro. La conversación confirmó que el segmento se encuentra en un punto especialmente interesante: con demanda, con patrimonio, con calendario y con creciente interés empresarial, pero todavía necesitado de una mayor estructuración.

Un segmento con alma, pero también con recorrido comercial

El estudio “Turismo religioso en España. Un viaje al interior de un segmento en transformación” llega en un momento en el que el sector turístico busca nuevas formas de diversificar producto, atraer viajeros durante todo el año y generar propuestas con más identidad. En ese contexto, el turismo religioso aparece como una modalidad con una capacidad singular para unir patrimonio, emoción, territorio y actividad económica.

Para España, el reto será aprovechar su posición privilegiada sin limitarse a vivir de sus grandes iconos. Para Andalucía, consolidar una estrategia que ya la sitúa como uno de los referentes del segmento. Para las agencias y turoperadores, entender que detrás de esta transformación puede haber una oportunidad real de especialización, venta de grupos, creación de producto y captación de nuevos públicos.

Porque el turismo religioso ya no es solo una cuestión de fe. Es también cultura, historia, bienestar, identidad, territorio y experiencia. Y, bien trabajado, puede convertirse en una de las grandes palancas de desarrollo turístico para los próximos años.

Puedes descargar desde aquí el informe completo

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Breve Resumen

El informe dispone de una cantidad ingente de información relevante y hemos querido únicamente de forma testimonial extraer en una primera lectura del mismo algunos datos que nos han parecido relevantes y que os compartimos hasta que podáis dedicarle el tiempo que se merece a analizar toda esta información que podéis convertir en oportunidades de negocio para vuestras agencias de viajes.

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