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Cómo vender la Melilla Modernista: una ciudad que convirtió sus calles en un museo de arquitectura
Del ensanche de principios del siglo XX a las fachadas de Enrique Nieto, Melilla reúne uno de los conjuntos modernistas y art déco más singulares de España, con historias de arquitectos, comerciantes y comunidades que enriquecen cualquier viaje cultural o MICE.
En Melilla hay una recomendación que debería hacerse a cualquier visitante antes de comenzar a recorrer sus calles: mirar hacia arriba. Es la mejor manera de descubrir balcones curvos, figuras femeninas, animales fantásticos, relieves vegetales y fachadas que parecen competir por llamar la atención.
La ciudad posee uno de los conjuntos arquitectónicos modernistas y art déco más importantes de España. Pero lo verdaderamente interesante no es únicamente la cantidad de edificios, sino comprender cómo llegaron a construirse en una ciudad norteafricana que, apenas unas décadas antes, concentraba buena parte de su población dentro de las murallas.
Durante la III Convención de la Federación Andaluza de Agencias de Viajes (FAAV), celebrada del 29 de octubre al 1 de noviembre de 2026, recorrimos este patrimonio acompañados por un guía que nos permitió descubrir las circunstancias económicas, sociales y personales que hicieron posible aquella transformación.
La visita dejó una conclusión especialmente interesante para las agencias: Melilla Modernista no debe venderse como un simple paseo entre edificios bonitos, sino como la historia de una ciudad que se reinventó a través de su arquitectura.
Una experiencia capaz de atraer a aficionados al arte, familias, asociaciones culturales y grupos que buscan actividades singulares durante congresos y convenciones.

Cuando Melilla dejó de vivir únicamente entre murallas
Para comprender la Melilla Modernista hay que recordar primero cómo era la ciudad a finales del siglo XIX.
Durante siglos, el principal núcleo de población había estado concentrado en Melilla la Vieja, protegida por sus recintos fortificados. Fuera de aquellas defensas existían terrenos utilizados para huertas, caminos, instalaciones militares y pequeñas construcciones.
La transformación comenzó cuando el crecimiento económico y demográfico hizo necesario ampliar el espacio urbano.
La construcción del puerto, el desarrollo comercial, la actividad minera en el Rif y la llegada de población procedente de diferentes regiones españolas favorecieron una expansión que cambiaría profundamente el paisaje.
Melilla necesitaba viviendas, establecimientos comerciales, almacenes, hoteles, oficinas y nuevos espacios públicos.
También necesitaba una planificación capaz de transformar los terrenos exteriores a las fortificaciones en una ciudad moderna.
Los ingenieros militares desempeñaron un papel importante en aquella primera ordenación. Se trazaron avenidas, se organizaron manzanas y se establecieron condiciones para las nuevas construcciones.
El resultado fue un ensanche con calles amplias y una estructura urbana muy diferente de los pasadizos y recintos de la ciudad fortificada.
Este contraste es una de las grandes oportunidades turísticas de Melilla.
El visitante puede pasar de una fortaleza renacentista a una ciudad de comienzos del siglo XX en apenas unos minutos, descubriendo dos formas completamente distintas de entender la arquitectura y la vida urbana.
Para quienes quieran conocer la primera etapa, recomendamos nuestro Cuaderno de Ventas dedicado a Melilla la Vieja.
El puerto, el comercio y una nueva burguesía que quería construir ciudad
La expansión de Melilla no puede explicarse únicamente por la llegada de arquitectos.
Detrás de sus edificios encontramos también a comerciantes, empresarios, profesionales y familias que invirtieron en la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX.
La actividad comercial vinculada al norte de África, el desarrollo del puerto y la explotación de recursos minerales impulsaron nuevos negocios y atrajeron inversiones.
A esa transformación contribuyeron diferentes comunidades, especialmente la importante presencia de familias comerciantes judías, junto con empresarios procedentes de Andalucía, Cataluña y otros territorios.
En algunos casos, los nuevos edificios combinaban establecimientos comerciales en las plantas inferiores con viviendas familiares y pisos destinados al alquiler.
La fachada se convirtió así en algo más que la parte exterior de un inmueble.
Era una forma de expresar prosperidad, modernidad y posición social.
Cada propietario podía encargar una construcción distinta, incorporar elementos decorativos propios y diferenciar su inmueble del edificio vecino.
Eso explica una de las características más atractivas del modernismo melillense: la extraordinaria variedad de sus fachadas.
No encontramos una sucesión uniforme de edificios, sino un conjunto de propuestas arquitectónicas que permiten descubrir estilos, influencias y soluciones decorativas diferentes casi en cada esquina.
Enrique Nieto: el arquitecto que encontró una ciudad por construir
La figura imprescindible para comprender este patrimonio es Enrique Nieto y Nieto, arquitecto catalán nacido en 1880 que se estableció en Melilla en 1909.
Formado en el ambiente del modernismo barcelonés, Nieto llegó a una ciudad que ofrecía grandes posibilidades para el desarrollo de nuevos proyectos.
Mientras en Barcelona el modernismo ya había alcanzado algunas de sus expresiones más conocidas, Melilla se encontraba en pleno proceso de expansión.
El arquitecto encontró un escenario en el que podía aplicar las corrientes artísticas de su época y desarrollar un lenguaje propio.
Su trayectoria está relacionada con el modernismo catalán y con la influencia de arquitectos como Lluís Domènech i Montaner. Aunque con frecuencia se le presenta como discípulo de Antoni Gaudí, conviene entender su obra dentro de un contexto artístico más amplio.
En Melilla, Nieto desarrolló una extensa actividad profesional que dejó huella en viviendas, edificios comerciales, construcciones institucionales y espacios religiosos.
Sus proyectos utilizaron formas curvas, balcones elaborados, relieves florales, elementos geométricos y abundantes detalles ornamentales.
Con el tiempo también incorporó otras corrientes, especialmente el art déco.
Su importancia no reside únicamente en el número de edificios que proyectó.
Enrique Nieto contribuyó decisivamente a dar una identidad arquitectónica reconocible a la nueva Melilla.
Y lo hizo en un entorno en el que las ideas de los arquitectos civiles convivían, no siempre sin dificultades, con las normas y criterios de los ingenieros militares responsables de la planificación urbana.
Durante nuestro recorrido conocimos precisamente esa tensión entre las limitaciones constructivas iniciales y el deseo de levantar edificios más ambiciosos.
El resultado fue una ciudad en la que la experimentación arquitectónica terminó convirtiéndose en uno de sus principales atractivos patrimoniales.

Emilio Alzugaray y los otros protagonistas de la transformación
Aunque Enrique Nieto es el nombre más reconocido, el modernismo de Melilla fue resultado del trabajo de varios profesionales.
Entre ellos destaca el ingeniero Emilio Alzugaray Goicoechea, cuya obra constituye una parte fundamental del patrimonio arquitectónico local.
Su participación ayuda a comprender que el modernismo no fue un estilo exclusivo de arquitectos civiles.
Los ingenieros también desarrollaron proyectos residenciales y comerciales con importantes elementos decorativos.
Alzugaray introdujo recursos ornamentales propios, entre ellos motivos animales, elementos vegetales y composiciones que enriquecieron el paisaje urbano.
Otros profesionales, como Francisco Hernanz Martínez, participaron posteriormente en la evolución hacia el art déco y otras tendencias arquitectónicas.
Durante la visita, uno de los aspectos que más llamó nuestra atención fue la posibilidad de comparar edificios próximos construidos por autores diferentes.
En ocasiones, inmuebles separados por apenas unos metros presentan soluciones completamente distintas.
Una fachada incorpora curvas y motivos vegetales. La siguiente utiliza líneas más rectas, geometría o figuras animales. Y otra recupera formas historicistas inspiradas en periodos anteriores.
Para el visitante, esta variedad convierte el recorrido en una experiencia de descubrimiento constante.
No hace falta ser especialista en arquitectura para disfrutarlo. Basta con aprender a reconocer algunos detalles y comprender por qué cada edificio es diferente.
El Triángulo de Oro: un museo arquitectónico al aire libre
La mejor forma de comenzar a descubrir la Melilla Modernista es recorrer el denominado Triángulo de Oro, situado en el ensanche central.
Este entorno concentra numerosos edificios de interés y permite organizar una visita a pie sin necesidad de recorrer grandes distancias.
La Plaza de España constituye uno de los puntos de partida más adecuados.
Su organización urbana, los edificios que la rodean y su relación con las principales avenidas permiten comprender cómo se desarrolló la nueva ciudad.
Entre las construcciones más destacadas se encuentra el Palacio de la Asamblea, proyectado por Enrique Nieto y vinculado al lenguaje art déco de su última etapa.
Su presencia demuestra que la actividad del arquitecto evolucionó con el tiempo.
Las curvas y motivos florales del modernismo dieron paso progresivamente a composiciones geométricas, líneas más rotundas y nuevas formas de entender la monumentalidad.
Desde la Plaza de España, el recorrido puede continuar por la avenida Juan Carlos I y las calles López Moreno, Ejército Español y otras vías próximas.
A lo largo de estas calles aparecen edificios comerciales, viviendas y antiguos establecimientos que permiten comprender la evolución económica de Melilla.
La gran ventaja turística del Triángulo de Oro es que ofrece una concentración excepcional de detalles arquitectónicos dentro de un espacio relativamente reducido.
Para una familia puede convertirse en una ruta de observación y fotografía.
Para un grupo cultural, permite profundizar en la historia del modernismo y sus diferentes autores.
Y para un grupo MICE, constituye una actividad complementaria de fácil integración en una estancia en la ciudad.

La Casa Melul, la Casa Tortosa y el arte de construir fachadas diferentes
Entre los inmuebles más destacados del centro se encuentra la Casa Melul, diseñada por Enrique Nieto y construida entre 1915 y 1916.
Su fachada permite apreciar varios de los elementos característicos del modernismo: ornamentación abundante, balcones trabajados, composición elegante y detalles que invitan a contemplar el edificio con detenimiento.
Otro ejemplo importante es la Casa Tortosa, de 1914, situada también en la avenida Juan Carlos I.
Ambas construcciones ayudan a explicar cómo los propietarios de aquella época utilizaron la arquitectura para expresar su posición económica y su interés por las nuevas corrientes artísticas.
El recorrido puede incorporar también el edificio de La Reconquista, la antigua Cámara de Comercio, la Casa de los Cristales y el inmueble que acogió el periódico El Telegrama del Rif.
Cada uno posee una historia relacionada con la actividad comercial, cultural o institucional de la ciudad.
Uno de los aspectos que más enriquecen la visita es explicar para qué se utilizaron originalmente estos inmuebles.
Algunos fueron residencias familiares. Otros albergaron establecimientos comerciales, oficinas, hoteles o actividades relacionadas con la prensa.
El modernismo deja así de ser un conjunto de fachadas decorativas y se convierte en un testimonio de la sociedad que construyó la nueva Melilla.

Flores, rostros femeninos y animales: aprender a leer las fachadas
Uno de los momentos más interesantes de nuestra visita fue descubrir que muchos de los detalles ornamentales pasan completamente inadvertidos cuando caminamos por la ciudad.
Las fachadas modernistas incorporan flores, hojas de acanto, rostros femeninos, figuras aladas, leones, águilas y otros elementos animales o mitológicos.
También aparecen formas geométricas, símbolos clásicos y recursos decorativos relacionados con la naturaleza.
No todos tienen necesariamente un significado universal.
Algunos responden a decisiones estéticas del arquitecto. Otros recuperan tradiciones artísticas o incorporan referencias simbólicas utilizadas en diferentes culturas.
Las figuras femeninas, por ejemplo, aparecen frecuentemente integradas en molduras, balcones y coronaciones.
En otros edificios encontramos caras de animales, relieves vegetales o composiciones que recuerdan a la ornamentación de edificios europeos de comienzos del siglo XX.
La variedad resulta especialmente atractiva para quienes disfrutan de la fotografía.
Una buena visita guiada puede proponer al viajero que identifique diferentes elementos y compare sus interpretaciones.
También permite explicar cómo los cambios de estilo fueron transformando la decoración urbana.
El modernismo favoreció las formas orgánicas y la ornamentación inspirada en la naturaleza.
El art déco, en cambio, evolucionó hacia una estética más geométrica, vinculada a la modernidad de las décadas de 1920 y 1930.
Esta transición se aprecia especialmente bien en Melilla, donde ambas corrientes conviven en calles muy próximas.
Para una agencia, el argumento es sencillo: el visitante no necesita conocer previamente la arquitectura modernista para disfrutar de una ciudad que ofrece detalles sorprendentes prácticamente en cada fachada.

El art déco y la llegada de una nueva estética urbana
La arquitectura de Melilla no quedó detenida en el modernismo de principios del siglo XX.
Durante las décadas siguientes surgieron nuevas tendencias que transformaron la apariencia de los edificios.
El art déco introdujo composiciones más geométricas, líneas verticales, elementos escalonados y una ornamentación distinta de las curvas vegetales del modernismo.
Uno de los ejemplos más representativos es el Palacio de la Asamblea, construido a partir del proyecto de Enrique Nieto durante los años treinta y terminado posteriormente.
La ciudad también contó con importantes edificios destinados al espectáculo y al ocio, especialmente cines y teatros.
Estas construcciones reflejaban una sociedad urbana que incorporaba nuevas formas de entretenimiento y nuevos espacios de reunión.
Durante nuestro recorrido se recordó cómo algunos de aquellos establecimientos desaparecieron o fueron transformados con el paso del tiempo.
Esta circunstancia introduce un asunto importante: la conservación del patrimonio.
Aunque muchos edificios siguen formando parte de la vida cotidiana de Melilla, otros han perdido elementos originales o han experimentado reformas que modificaron su aspecto.
La restauración y protección de estas construcciones resulta esencial para mantener el atractivo del conjunto.
De hecho, la Ciudad Autónoma presentó en febrero de 2026 un nuevo Catálogo de Edificios Modernistas, con 755 fichas de inmuebles, destinado a reforzar el conocimiento y la protección de este patrimonio.
Para las agencias que comercializan Melilla, esta riqueza arquitectónica constituye un recurso de enorme valor, pero también una oportunidad para fomentar un turismo interesado en su conservación.
La arquitectura de las comunidades: sinagogas, mezquitas e iglesias
Una de las singularidades de Melilla es que su patrimonio arquitectónico no se limita a edificios residenciales e institucionales.
Las diferentes comunidades religiosas también dejaron su huella en la evolución urbana.
La Sinagoga Or Zaruah, proyectada por Enrique Nieto, constituye uno de los ejemplos más destacados.
Su arquitectura incorpora referencias historicistas y elementos decorativos relacionados con distintas tradiciones artísticas.
La Mezquita Central, igualmente diseñada por Nieto, demuestra la capacidad del arquitecto para trabajar con lenguajes diferentes del modernismo más reconocible.
La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, vinculada a la arquitectura historicista de Fernando Guerrero Strachan, completa otro de los conjuntos religiosos destacados del centro urbano.
Durante nuestra visita, estos edificios sirvieron para explicar que la arquitectura también refleja la composición social y cultural de Melilla.
Las distintas comunidades construyeron y utilizaron espacios religiosos que terminaron integrándose en el paisaje urbano.
No se trata únicamente de contemplar fachadas.
La posibilidad de conocer las tradiciones y los usos de los templos permite descubrir otra dimensión de la ciudad.
Por ello, el recorrido modernista puede complementarse con la denominada Ruta de los Templos, una experiencia guiada que acerca a los visitantes a los espacios religiosos de las principales comunidades de Melilla.
Para grupos culturales y asociaciones, ambas propuestas pueden combinarse dentro de un programa de mayor contenido.

El Rastro y los barrios populares: la otra cara del crecimiento urbano
Aunque el centro modernista concentra los edificios más conocidos, la historia de la expansión de Melilla no se explica únicamente a través de sus grandes avenidas.
El crecimiento económico también impulsó la formación de barrios obreros y populares, donde se asentaron trabajadores, comerciantes y familias llegadas en diferentes momentos.
Durante nuestro recorrido conocimos parte de la evolución del barrio del Rastro, uno de los espacios vinculados a esa transformación.
Su historia está relacionada con la actividad comercial, los mercados y la convivencia cotidiana entre diferentes comunidades.
La expansión de Melilla exigía viviendas para quienes trabajaban en las obras públicas, el puerto, los establecimientos comerciales y los servicios de una ciudad en crecimiento.
Mientras determinados propietarios encargaban edificios ornamentados en el centro, otros barrios desarrollaban una arquitectura más funcional y estrechamente vinculada a las necesidades de la población.
Esta diferencia resulta interesante para comprender la sociedad melillense de principios del siglo XX.
La ciudad modernista no fue únicamente el resultado de una burguesía capaz de financiar grandes edificios.
También fue construida gracias al trabajo de miles de personas y a la actividad económica desarrollada en sus barrios.
El Rastro permite incorporar esa dimensión humana al recorrido.
Sus establecimientos, sus calles y su relación con la vida comercial ofrecen una perspectiva que complementa la contemplación de las grandes fachadas.
Para un grupo interesado en historia social, patrimonio urbano o diversidad cultural, puede ser una extensión especialmente interesante de la ruta principal.
Sin embargo, no es imprescindible incorporarlo a todas las visitas.
En programas más cortos resulta preferible concentrarse en el Triángulo de Oro y reservar los barrios populares para itinerarios de mayor duración.
De los grandes hoteles a las tiendas: la vida comercial detrás del modernismo
La evolución del centro de Melilla también puede explicarse a través de sus establecimientos históricos.
Durante las primeras décadas del siglo XX, la ciudad desarrolló hoteles, comercios y servicios que respondían a una población creciente y a la actividad económica del norte de África.
Entre ellos destacó el Gran Hotel Reina Victoria Eugenia, recordado durante nuestro recorrido como uno de los establecimientos importantes de aquella época.
Su historia refleja el carácter cosmopolita que llegó a adquirir Melilla.
La presencia de viajeros, comerciantes, funcionarios, militares y profesionales generó demanda de alojamiento y servicios.
Con el paso del tiempo, muchos de aquellos edificios cambiaron de función.
Antiguos hoteles fueron transformados en viviendas o apartamentos. Establecimientos tradicionales cerraron o dejaron paso a nuevos negocios.
Algunos edificios conservaron sus fachadas originales mientras sus interiores fueron adaptándose a diferentes usos.
Estos cambios explican por qué el modernismo melillense resulta especialmente interesante: no es un conjunto monumental separado de la ciudad, sino una arquitectura que continúa formando parte de su actividad cotidiana.
Una visita guiada puede recuperar la historia de estos establecimientos y relacionarla con los edificios que todavía permanecen en pie.
Eso permite ofrecer al visitante una experiencia más completa que una simple enumeración de arquitectos y fechas.
Cómo convertir la Melilla Modernista en una experiencia turística
Una de las grandes ventajas de la ruta modernista es su flexibilidad.
Su concentración en el centro urbano permite diseñar recorridos de distinta duración, adaptados a los intereses de los viajeros.
Para familias y escapadas urbanas, puede plantearse como un paseo cultural con numerosas paradas fotográficas, explicaciones breves y curiosidades arquitectónicas.
La búsqueda de figuras animales, rostros femeninos o relieves decorativos resulta especialmente adecuada para convertir el recorrido en una experiencia participativa.
Para asociaciones culturales y grupos sénior, es posible desarrollar una visita más completa que explique la expansión de Melilla, la trayectoria de Enrique Nieto y la evolución desde el modernismo hasta el art déco.
Para grupos especializados en arquitectura, el conjunto ofrece suficientes elementos para elaborar itinerarios centrados en autores, estilos, técnicas constructivas y conservación patrimonial.
Para congresos, convenciones y viajes MICE, el Triángulo de Oro representa una actividad complementaria especialmente atractiva.
Permite conocer uno de los principales símbolos del destino mediante un recorrido urbano que puede adaptarse a la agenda profesional.
También es posible combinar la visita arquitectónica con una experiencia gastronómica o con el conocimiento de otros espacios culturales del centro.
Consejos para las agencias: cómo organizar y comercializar la visita
La principal recomendación es no intentar mostrar todos los edificios en una sola visita.
Melilla posee un patrimonio demasiado amplio para reducirlo a una enumeración apresurada de fachadas.
Es preferible seleccionar ejemplos representativos y explicar por qué cada uno resulta interesante.
Un recorrido de aproximadamente dos horas puede ofrecer una buena introducción al Triángulo de Oro, siempre que se ajuste al ritmo del grupo.
Para visitantes especialmente interesados en arquitectura, conviene ampliar la duración o distribuir el programa en diferentes sesiones.
También recomendamos tener en cuenta los siguientes aspectos:
La importancia del guía. La arquitectura se disfruta mucho más cuando se conocen las historias de sus autores, propietarios y antiguos usos.
El itinerario. La Plaza de España y el ensanche central permiten organizar una ruta accesible a pie, aunque deben comprobarse las condiciones del recorrido para participantes con movilidad reducida.
Las fotografías. Las fachadas pueden ofrecer diferentes resultados según la iluminación. Conviene seleccionar horarios que faciliten su contemplación y eviten las horas de mayor calor.
Los interiores. Muchos edificios son viviendas o establecimientos privados. No debe anunciarse el acceso a portales, patios o escaleras sin autorización previa.
La combinación con otras experiencias. La ruta puede complementarse con Melilla la Vieja, la Ruta de los Templos, actividades gastronómicas o una visita panorámica.
La duración de la estancia. Para conocer la fortaleza histórica, el modernismo y otros atractivos del destino, una escapada de dos o tres días ofrece posibilidades mucho más completas que una visita de unas horas.
Para reservas de visitas guiadas y consulta de horarios, las agencias pueden contactar con Turismo de Melilla.
Información turística: www.melillaturismo.com
Una ciudad que merece ser descubierta mirando hacia arriba
Melilla Modernista demuestra que la arquitectura puede convertirse en uno de los principales motivos para elegir un destino.
Lo que comenzó como la necesidad de ampliar una ciudad fortificada terminó dando lugar a un conjunto urbano extraordinariamente diverso.
Enrique Nieto, Emilio Alzugaray y otros profesionales contribuyeron a transformar Melilla mediante edificios que incorporaron estilos, símbolos y soluciones decorativas diferentes.
Pero detrás de aquellas fachadas también estaban los comerciantes, las familias, los trabajadores y las comunidades que hicieron posible el crecimiento de la ciudad.
Esa es la historia que merece conocer el visitante.
La arquitectura modernista de Melilla no debe entenderse como una colección de edificios aislados, sino como el reflejo de una etapa de prosperidad, transformación y convivencia urbana.
Para las agencias, su potencial es especialmente atractivo porque permite ofrecer un recorrido cultural distinto, visual y adaptable a diferentes perfiles de clientes.
Y, sobre todo, porque proporciona una magnífica razón para recomendar Melilla: descubrir una ciudad en la que cada fachada tiene algo que contar y donde basta con levantar la mirada para encontrar una nueva sorpresa.

