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Melilla la Vieja: una fortaleza frente al Mediterráneo que merece formar parte de cualquier viaje a Melilla

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Cuatro recintos fortificados, cinco siglos de historia, galerías subterráneas y una ciudad que aprendió a vivir entre murallas convierten este conjunto monumental en una experiencia para familias, grupos culturales y programas MICE.

Hay destinos que sorprenden por sus monumentos y otros que lo hacen por las historias que esconden. Melilla la Vieja reúne ambas cualidades. Sobre un promontorio rocoso frente al mar de Alborán, sus murallas conservan el testimonio de conquistas, asedios, transformaciones urbanas y generaciones de habitantes que desarrollaron su vida en un espacio protegido por fortificaciones.

Durante la III Convención de la Federación Andaluza de Agencias de Viajes (FAAV), celebrada del 29 de octubre al 1 de noviembre de 2026, tuvimos la oportunidad de recorrer este conjunto monumental y descubrir hasta qué punto puede enriquecer la oferta turística de Melilla.

La experiencia permitió comprobar que su principal atractivo no reside únicamente en la arquitectura militar. Melilla la Vieja es también una ciudad histórica habitada, con antiguos espacios comerciales, edificios religiosos, museos, almacenes, aljibes y galerías excavadas en la roca.

Todo ello proporciona argumentos para que las agencias puedan recomendar el destino a viajeros individuales, familias, asociaciones culturales y organizadores de encuentros profesionales.

Porque detrás de sus murallas hay mucho más que una visita panorámica: hay siglos de acontecimientos que permiten comprender la singularidad de Melilla y su relación con el Mediterráneo.

Una ciudad que existía mucho antes de las murallas actuales

Para comprender Melilla la Vieja hay que retroceder bastante más allá de los cinco siglos de presencia castellana.

Su emplazamiento formó parte de las rutas comerciales y los asentamientos del Mediterráneo occidental desde la Antigüedad. La antigua Rusadir, vinculada a los periodos fenicio, púnico y romano, constituye uno de los antecedentes históricos de la ciudad.

No resulta difícil entender por qué este lugar despertó el interés de diferentes civilizaciones.

El promontorio proporcionaba una posición estratégica desde la que controlar el entorno marítimo, mientras que su proximidad a las costas peninsulares facilitaba las relaciones comerciales con otros territorios mediterráneos.

La historia posterior incorporó etapas bizantinas e islámicas, transformaciones políticas y diferentes formas de ocupación del territorio.

El 17 de septiembre de 1497, la expedición castellana encabezada por Pedro de Estopiñán, vinculada a la Casa de Medina Sidonia, tomó posesión de Melilla, iniciándose una nueva etapa en la evolución de la ciudad.

A partir de entonces, su posición geográfica convirtió el enclave en un importante punto defensivo de la Corona de Castilla.

Pero la fortaleza que hoy conocemos no apareció de una sola vez.

Fue construyéndose y modificándose durante siglos, incorporando nuevas defensas a medida que evolucionaban la artillería, las estrategias militares y las necesidades de sus habitantes.

Precisamente esa evolución es uno de los principales atractivos de Melilla la Vieja: el visitante puede descubrir diferentes etapas de la historia mientras recorre un mismo conjunto monumental.

Cuatro recintos fortificados: la ingeniería de una ciudad difícil de conquistar

Melilla la Vieja está formada por cuatro recintos fortificados, comunicados mediante puertas, túneles y pasos protegidos, y separados por fosos que dificultaban el avance de posibles atacantes.

Su organización resulta especialmente interesante porque permite comprender cómo una fortaleza podía reforzar progresivamente sus defensas.

El recorrido desde la actual Plaza de las Culturas hacia los espacios interiores atraviesa construcciones de distintas épocas.

El Foso de los Carneros, el Baluarte de San Fernando, el Foso del Hornabeque y la Plaza de Armas forman parte de un sistema concebido para controlar los accesos terrestres.

En algunos lugares, los desniveles naturales se aprovecharon para levantar muros de gran altura. En otros, fue necesario excavar fosos, construir pasos elevados y proteger las puertas mediante posiciones defensivas.

La fortaleza también necesitaba mantener conexiones con el mar, fundamentales para el abastecimiento y las comunicaciones.

Una de las particularidades que más llaman la atención durante la visita es comprobar que acceder al núcleo histórico no consistía simplemente en atravesar una puerta.

El sistema obligaba a superar sucesivas defensas que podían mantenerse operativas incluso si el enemigo había conseguido avanzar por los recintos exteriores.

Para las familias, esta estructura proporciona una forma muy visual de explicar la arquitectura militar. Para los grupos especializados en patrimonio, permite profundizar en la evolución de los sistemas defensivos entre los siglos XV y XVIII.

La Puerta de Santiago: cuando la arquitectura se convierte en estrategia

Uno de los lugares que mejor permite comprender la complejidad defensiva de Melilla es el conjunto formado por la Puerta de Santiago, el foso y sus fortificaciones próximas.

Durante el siglo XVI, los ingenieros encargados de proteger la ciudad tuvieron que solucionar un problema esencial: impedir que los atacantes pudieran aproximarse fácilmente a los accesos y disparar directamente hacia el interior.

La respuesta fue desarrollar un sistema de defensas que incorporaba muros, posiciones de artillería, un foso y un acceso protegido.

La Puerta de Santiago, relacionada con las obras dirigidas por el ingeniero Miguel de Perea durante el siglo XVI, constituye uno de los ejemplos más destacados de este proceso.

Su diseño obligaba a modificar la dirección del avance y dificultaba el ataque directo.

Los baluartes y torreones próximos permitían proteger los accesos mediante el fuego cruzado, mientras que las estructuras defensivas dificultaban la aproximación a las puertas interiores.

Pero este conjunto también conserva una singularidad artística.

La Capilla de Santiago, vinculada al acceso monumental, constituye una de las muestras más destacadas del patrimonio gótico de Melilla y una rareza arquitectónica en el norte de África.

Esa combinación de ingeniería militar y patrimonio religioso permite enriquecer la explicación del monumento.

No estamos ante una puerta decorativa, sino ante una construcción que ayuda a comprender cómo se protegía una ciudad y cómo convivían las funciones militares y religiosas dentro del mismo recinto.

Plaza de Armas: de asentamiento histórico a escenario cultural

La Plaza de Armas, situada en el segundo recinto fortificado, es otro de los espacios que mejor muestran la evolución de Melilla.

Su historia está vinculada a los primeros asentamientos y a la organización de la población después de 1497.

Con el paso del tiempo, las necesidades defensivas provocaron transformaciones en su utilización.

Durante el reinado de Carlos I, la reorganización de los recintos reforzó las funciones militares de determinados espacios exteriores, mientras que la población fue concentrándose en zonas interiores más protegidas.

Hoy, la Plaza de Armas conserva su carácter histórico y puede acoger actividades culturales, espectáculos y celebraciones.

Esta transformación resulta especialmente interesante para el visitante.

Un lugar concebido durante siglos para contribuir a la defensa de la ciudad puede convertirse actualmente en un espacio de encuentro y actividad cultural.

Para las agencias que organizan grupos, estas características permiten presentar la plaza como algo más que una parada fotográfica.

Con una explicación adecuada, ayuda a comprender cómo los espacios urbanos cambian de función sin perder su identidad histórica.

La Ensenada de los Galápagos: una playa protegida por siglos de historia

Pocos lugares muestran con tanta claridad la singularidad de Melilla como la Ensenada de los Galápagos.

Desde los miradores de Melilla la Vieja aparece una pequeña playa encajada entre las fortificaciones y las paredes rocosas del promontorio.

El contraste resulta especialmente atractivo: murallas de piedra, construcciones históricas y las aguas del Mediterráneo reunidas en un mismo paisaje.

La configuración del litoral explica también la importancia defensiva de este enclave.

Durante siglos, el mar representó una vía fundamental para abastecer a la población y mantener comunicaciones con la Península, especialmente en momentos en los que los accesos terrestres resultaban peligrosos.

Al mismo tiempo, los acantilados y las fortificaciones naturales ofrecían protección frente a posibles ataques.

Hoy, la ensenada constituye uno de los paisajes más reconocibles de Melilla.

Para el viajero interesado en fotografía, ofrece perspectivas extraordinarias de las murallas. Para las familias, permite combinar la visita cultural con el descubrimiento del entorno marítimo. Y para los grupos organizados, representa una de las paradas panorámicas más agradecidas del recorrido.

Desde las posiciones elevadas también se contemplan el cabo Tres Forcas y las montañas del Rif, una geografía que ha condicionado la historia de Melilla durante siglos.

El gran asedio de 1774-1775: cuando una ciudad tuvo que resistir bajo tierra

Uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Melilla fue el asedio que sufrió entre diciembre de 1774 y marzo de 1775.

El sultán marroquí Mohammed ben Abdallah organizó una ofensiva contra la plaza, defendida por una guarnición considerablemente inferior en número.

Durante más de tres meses, la ciudad soportó ataques de artillería y una situación de enorme presión militar.

El asedio tuvo consecuencias directas para sus habitantes.

Las construcciones quedaron expuestas a los bombardeos y numerosos vecinos tuvieron que buscar refugio en espacios protegidos.

La defensa de Melilla no dependió únicamente de sus murallas.

También resultaron fundamentales el abastecimiento marítimo, la resistencia de la guarnición y la utilización de instalaciones subterráneas que permitían proteger a parte de la población.

La defensa estuvo encabezada por Juan Sherlock, cuya actuación permanece vinculada a uno de los episodios más recordados de la historia de la ciudad.

El sitio terminó el 19 de marzo de 1775, una fecha que conserva un significado histórico especial para Melilla.

Conocer estos acontecimientos permite comprender por qué las fortificaciones fueron construidas y reforzadas durante generaciones.

Las murallas no eran simplemente grandes construcciones de piedra: de su resistencia dependían las vidas de quienes habitaban la ciudad.

Y las galerías subterráneas que hoy constituyen uno de sus principales atractivos turísticos fueron, durante aquellos meses, espacios de refugio y supervivencia.

Las Cuevas del Conventico: uno de los grandes descubrimientos del recorrido

Entre los lugares más sorprendentes de Melilla la Vieja se encuentran las Cuevas del Conventico, un sistema de cavidades y galerías excavadas en la roca que permite descubrir otra dimensión de la ciudad fortificada.

Su nombre está relacionado con el antiguo convento de los capuchinos, comunidad religiosa que tuvo una presencia importante en Melilla durante los siglos XVII y XIX.

Las galerías se desarrollaron en diferentes niveles y aprovecharon las características de la roca del promontorio.

Algunos de estos espacios se utilizaron como refugio durante el gran asedio de 1774-1775.

El visitante que accede a las zonas habilitadas descubre pasadizos, escaleras, cámaras excavadas y espacios que permiten imaginar las condiciones en las que la población tuvo que protegerse durante los bombardeos.

La propia construcción constituye un atractivo.

Las paredes muestran la naturaleza de la roca, mientras que los diferentes niveles permiten comprender cómo se aprovecharon los espacios interiores del promontorio.

Durante el recorrido que realizamos, pudimos comprobar que existen galerías y conexiones que no están abiertas al público.

Algunas comunicaciones históricas se relacionan con las salidas hacia el litoral, pero determinados tramos permanecen cerrados por motivos de conservación y seguridad.

Esta circunstancia debe tenerse en cuenta al planificar una visita.

No es recomendable ofrecer a los clientes el acceso a todas las galerías, ya que la disponibilidad depende de las condiciones de seguridad y de las zonas habilitadas.

En cambio, resulta mucho más atractivo explicar que la visita permite entrar en una parte de la ciudad que permanece oculta bajo sus calles y fortificaciones.

Para las familias con hijos mayores puede representar uno de los momentos más sorprendentes del recorrido. Para grupos culturales, constituye una oportunidad para profundizar en la vida cotidiana durante los asedios y en las soluciones constructivas utilizadas para proteger a sus habitantes.

Los Aljibes de las Peñuelas: el agua como garantía de supervivencia

La vida dentro de una fortaleza exigía resolver problemas que hoy pueden parecernos cotidianos, pero que entonces resultaban fundamentales.

Uno de ellos era garantizar el suministro de agua.

En una ciudad expuesta a periodos de aislamiento y asedio, depender exclusivamente de fuentes exteriores suponía un riesgo considerable.

Por eso, Melilla desarrolló sistemas para recoger, conducir y almacenar el agua de lluvia.

Los Aljibes de las Peñuelas constituyen uno de los ejemplos más importantes de esa infraestructura histórica.

Su organización incluía depósitos, conducciones y elementos destinados a controlar el agua recogida.

Estas instalaciones permiten explicar cómo la ingeniería se utilizaba para garantizar la autonomía de la población.

Resultan particularmente interesantes porque introducen una dimensión diferente de la historia militar.

La defensa de una fortaleza no dependía únicamente de sus cañones y murallas. También necesitaba agua, alimentos, almacenes y espacios suficientes para sostener a quienes vivían en ella.

En este entorno se encuentran igualmente antiguos edificios utilizados para almacenamiento, posteriormente recuperados para diferentes funciones culturales.

Entre ellos destacan los espacios vinculados a los Museos de Historia, Arqueología y Etnografía de Melilla, donde es posible ampliar el conocimiento sobre las distintas etapas históricas de la ciudad.

La combinación de aljibes, almacenes y museos ofrece posibilidades muy interesantes para grupos educativos y culturales.

Una ciudad en la que convivían comerciantes, soldados, familias y comunidades religiosas

Uno de los aspectos que conviene destacar al presentar Melilla la Vieja a los viajeros es que no fue únicamente un recinto militar.

Durante siglos también fue una ciudad habitada por familias, comerciantes, religiosos, trabajadores y personas que desarrollaban su actividad cotidiana dentro de las murallas.

La calle de San Miguel conserva la memoria de aquella vida urbana.

Durante nuestra visita conocimos detalles de sus antiguos establecimientos: panaderías, talleres de platería, comercios y edificios relacionados con la asistencia sanitaria.

Algunas construcciones estuvieron vinculadas a antiguos hospitales y servicios destinados a atender a la población.

Este tipo de información permite transformar el recorrido por una calle histórica en una experiencia mucho más interesante.

El viajero deja de contemplar únicamente fachadas y comienza a imaginar cómo se desarrollaba la vida diaria.

En el mismo entorno se conserva la memoria de antiguas instalaciones religiosas, entre ellas una pequeña sinagoga vinculada a la familia Salama.

La historia de este espacio recuerda la presencia de la comunidad judía y su contribución a la vida económica y social melillense.

También destaca el antiguo convento de los capuchinos y su relación con la iglesia de la Purísima Concepción, uno de los edificios religiosos más importantes del conjunto.

Estas referencias permiten acercarse a la diversidad cultural de Melilla desde una perspectiva histórica y humana.

La ciudad que hoy se identifica con la convivencia de diferentes comunidades conserva también dentro de sus murallas numerosos testimonios de esa evolución.

Para grupos interesados en historia social, patrimonio religioso o tradiciones culturales, estas historias pueden convertirse en uno de los elementos más enriquecedores de la visita.

Dos centros históricos que muestran dos Melillas diferentes

Una de las particularidades de Melilla es que permite descubrir dos etapas de su desarrollo urbano muy diferentes.

Por un lado está Melilla la Vieja, construida alrededor de las fortificaciones y de las necesidades defensivas.

Por otro, la ciudad que comenzó a extenderse fuera de las murallas entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, con nuevas calles, edificios civiles y una arquitectura que terminaría convirtiendo a Melilla en uno de los grandes referentes del modernismo español.

Esta circunstancia permite diseñar un programa turístico especialmente completo.

Por la mañana, el viajero puede recorrer una fortaleza renacentista, atravesar antiguos fosos y conocer galerías subterráneas.

Por la tarde, puede descubrir los edificios modernistas, las fachadas decorativas y los nuevos espacios urbanos de la ciudad.

Son experiencias arquitectónicas muy diferentes, pero estrechamente relacionadas por la historia.

Para las agencias de viajes, esta combinación representa uno de los argumentos más sólidos para recomendar una estancia de al menos dos o tres días, en lugar de limitarse a una visita de pocas horas.

Mucho más que patrimonio: cultura, gastronomía y experiencias compartidas

Melilla la Vieja también ofrece posibilidades para completar el recorrido monumental con otras actividades.

En el entorno del conjunto existen establecimientos de restauración y espacios culturales que permiten prolongar la experiencia.

Durante la III Convención FAAV, el programa incluyó actividades gastronómicas en establecimientos situados en el entorno histórico, demostrando cómo una visita patrimonial puede combinarse con encuentros profesionales y momentos de convivencia.

Esta fórmula resulta especialmente adecuada para grupos organizados.

Un recorrido por las murallas, una visita a espacios subterráneos y un almuerzo posterior permiten construir una jornada que combina conocimiento, ocio y gastronomía.

En viajes MICE, la posibilidad de incorporar una experiencia cultural vinculada directamente con la identidad de Melilla aporta personalidad al programa.

También existen oportunidades para combinar el recorrido con propuestas culturales o visitas temáticas, siempre que se confirme previamente su disponibilidad.

Lo importante es no presentar Melilla la Vieja como un monumento aislado, sino como un conjunto de recursos que pueden organizarse en diferentes experiencias.

Cómo incorporar Melilla la Vieja a los programas de las agencias

El potencial comercial del conjunto monumental depende de adaptar la experiencia a los intereses de cada viajero.

Familias y escapadas particulares

Para una familia, Melilla la Vieja puede ser una de las actividades principales de una escapada de dos o tres días.

Las murallas, los fosos, las vistas al mar y las Cuevas del Conventico ofrecen variedad suficiente para despertar el interés de adultos y jóvenes.

Un recorrido acompañado por un guía que sepa explicar las historias de la fortaleza de forma amena puede resultar mucho más atractivo que una visita exclusivamente monumental.

Conviene adaptar los tiempos y los espacios a la edad de los menores.

Asociaciones y grupos culturales

Este es uno de los públicos que mayor interés puede encontrar en el conjunto.

La historia de los recintos, los acontecimientos de 1497, el asedio de 1774-1775 y la evolución de la población civil ofrecen materiales suficientes para desarrollar programas especializados.

La visita puede ampliarse con museos, patrimonio religioso y recorridos temáticos vinculados a las distintas comunidades culturales.

Grupos sociales y viajes organizados

Melilla la Vieja permite organizar una experiencia colectiva con un recorrido patrimonial y una actividad gastronómica.

Es una opción interesante para asociaciones profesionales, colectivos sociales y grupos de viajeros que desean conocer el destino acompañados por un guía.

La agencia deberá adaptar el itinerario a las condiciones físicas y a las necesidades de los participantes.

Congresos, convenciones y turismo MICE

Para los grupos MICE, la fortaleza puede incorporarse como actividad complementaria a un congreso o una convención.

Una visita guiada permite que los asistentes conozcan el destino más allá de los espacios de reunión.

También puede combinarse con una experiencia gastronómica o cultural, siempre que los establecimientos y los espacios elegidos dispongan de las autorizaciones y condiciones necesarias.

En este segmento, el principal argumento es ofrecer una actividad vinculada a la personalidad histórica de Melilla.

Consejos prácticos para organizar y vender la experiencia

Antes de incorporar Melilla la Vieja a un programa comercial conviene comprobar algunos aspectos.

La duración. Un recorrido general puede organizarse en torno a dos horas, pero conocer de forma más completa los cuatro recintos, museos y espacios subterráneos exige bastante más tiempo. Para grupos especializados, puede justificarse una visita más amplia o distribuida en varias sesiones.

La importancia del guía. Este conjunto monumental adquiere especial interés cuando se explican las historias que hay detrás de cada puerta, foso y edificio. La interpretación histórica constituye uno de sus principales valores añadidos.

La accesibilidad. Existen desniveles, escaleras y accesos que pueden resultar difíciles para personas con movilidad reducida. Conviene adaptar el recorrido y confirmar las condiciones de cada instalación.

Las visitas subterráneas. El acceso a las Cuevas del Conventico está sujeto a condiciones específicas. Es necesario confirmar qué zonas están habilitadas y las posibilidades reales de visita para grupos.

Los horarios y reservas. Los museos, monumentos y espacios culturales pueden tener horarios diferentes, cierres temporales o condiciones particulares para grupos organizados.

La combinación con otros atractivos. El recorrido puede integrarse con una visita al modernismo, propuestas gastronómicas, espacios religiosos o una panorámica general de Melilla.

La organización de programas MICE. Cuando se pretenda utilizar un espacio histórico para actividades complementarias, deberá consultarse previamente su disponibilidad, aforo y condiciones de uso.

Para obtener información actualizada, las agencias pueden contactar con la Oficina de Turismo de Melilla, situada en la Plaza de las Culturas.

Teléfonos: 952 97 61 90 / 952 97 61 89
Correo electrónico: info@melillaturismo.com
Web: https://www.melillaturismo.com/

Melilla la Vieja: una experiencia que permite comprender el destino

Después de recorrer Melilla la Vieja, resulta evidente que su valor turístico va mucho más allá de la contemplación de unas murallas.

Pocos conjuntos monumentales permiten descubrir en un mismo recorrido una antigua ciudad mediterránea, fortificaciones de diferentes siglos, acontecimientos históricos de enorme trascendencia, espacios comerciales, patrimonio religioso y galerías subterráneas utilizadas como refugio.

A ello se añade un paisaje extraordinario, en el que las construcciones históricas se encuentran directamente con el mar.

Melilla la Vieja no es simplemente un lugar que visitar: es una experiencia que ayuda a comprender por qué Melilla es diferente.

Para las agencias, su atractivo reside precisamente en esa capacidad para reunir historia, cultura, arquitectura, gastronomía y paisaje dentro de una propuesta turística que puede adaptarse a diferentes públicos.

Familias, asociaciones, grupos culturales y organizadores de congresos pueden encontrar en este conjunto monumental uno de los principales motivos para descubrir Melilla.

Y ese es, probablemente, el mejor argumento de venta: ofrecer a los clientes un destino que no solo merece ser visto, sino que tiene muchas historias que contar.

 

 

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