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CDV refuerza su compromiso social y medioambiental en Alicante
La compañía destina nuevas aportaciones a Alicante Gastronómica Solidaria y al Proyecto Alicante Renace, dentro de una estrategia de RSC que implica directamente a su equipo a través del CDV Challenge.
En el sector turístico solemos hablar mucho de tecnología, conectividad, eficiencia y plataformas capaces de simplificar la vida diaria del agente de viajes. Sin embargo, detrás de cada empresa también hay una forma de entender el negocio, una cultura interna y una manera concreta de relacionarse con el entorno en el que desarrolla su actividad.
En el caso de CDV, esa mirada se traduce ahora en dos nuevas acciones de Responsabilidad Social Corporativa en la provincia de Alicante, vinculadas tanto al apoyo social como a la recuperación medioambiental del territorio. La compañía refuerza así una línea de trabajo que no se limita a la operativa B2B, sino que también incorpora el compromiso con las personas, la comunidad local y el cuidado de lo más cercano.
El pasado 18 de mayo, parte del equipo de CDV, junto a su director general, Javier Beas, realizó la entrega simbólica de su aportación a dos proyectos alicantinos con un fuerte componente social y medioambiental. En el acto participaron Daniel Aguilar, director del Proyecto Alicante Renace y presidente de la Asociación Enamorados de Alicante, y Carlos Baño, presidente de Cámara Alicante e impulsor de Alicante Gastronómica Solidaria.

Apoyo a 400 menús solidarios con Alicante Gastronómica Solidaria
Una de las aportaciones de CDV se ha destinado a Alicante Gastronómica Solidaria, una asociación sin ánimo de lucro nacida durante la pandemia de la COVID-19 y que desde entonces desarrolla una labor especialmente valiosa para personas en situación de vulnerabilidad.
La entidad trabaja en una doble dirección. Por un lado, prepara y reparte comida durante los 365 días del año a personas que atraviesan situaciones difíciles. Por otro, ofrece formación en hostelería a personas en riesgo de exclusión social, ayudándoles a encontrar una vía de desarrollo profesional en un sector que, precisamente, necesita talento, oficio y oportunidades reales.
CDV ya había colaborado con esta iniciativa en años anteriores y este año ha renovado su compromiso mediante una aportación equivalente a la preparación de 400 menús solidarios. No se trata solo de una cifra. Detrás de esos menús hay una forma concreta de convertir el compromiso empresarial en impacto directo sobre personas que necesitan apoyo inmediato.
Para una compañía vinculada al turismo, participar en un proyecto donde la gastronomía se convierte también en herramienta de ayuda social tiene un valor especialmente significativo. La hostelería, la formación y la solidaridad se cruzan aquí en una misma dirección: generar oportunidades y acompañar a quienes más lo necesitan.

Alicante Renace: recuperar paisaje, biodiversidad y futuro
La segunda actuación impulsada por CDV mira hacia el territorio. La compañía ha destinado otra donación al Proyecto Alicante Renace, promovido por la Asociación Enamorados de Alicante, una entidad que trabaja desde 2014 en la restauración ecológica de zonas degradadas y desertificadas de la provincia.
El proyecto actúa mediante la plantación de especies autóctonas, la regeneración del suelo y la siembra de herbáceas mediterráneas, con el objetivo de recuperar espacios naturales y reforzar su resistencia frente a los efectos del cambio climático.
Gracias a la colaboración de CDV, se contribuirá a la plantación de 100 ejemplares de Tetraclinis articulata y a la siembra de 5.000 semillas de herbáceas mediterráneas en Cala Cantalar, un entorno natural de 41.401 metros cuadrados. Esta actuación permitirá consolidar plantaciones previas, mejorar la cobertura vegetal, favorecer la retención de humedad en el suelo, reducir procesos erosivos y aumentar la biodiversidad en un enclave litoral de especial valor ambiental.
En un momento en el que la sostenibilidad corre el riesgo de convertirse en una palabra demasiado utilizada y poco aterrizada, este tipo de acciones ayudan a devolverle sentido. No hablamos de grandes declaraciones, sino de árboles, semillas, suelo, humedad, biodiversidad y paisaje. Es decir, de futuro medible en el territorio.

CDV Challenge: cuando el compromiso nace dentro del equipo
Estas acciones forman parte de la estrategia de RSC que CDV desarrolla desde hace tres años y están vinculadas a una iniciativa interna con nombre propio: CDV Challenge.
El planteamiento es sencillo, pero potente. Los empleados de la compañía suman puntos a lo largo del año mediante la práctica deportiva, la participación en actividades de voluntariado, el reciclaje y el uso prioritario del transporte público como medida sostenible. No es una competición para enfrentar equipos, sino un reto compartido que une a las personas en torno a un objetivo común.
El resultado genera un triple impacto. Por un lado, fomenta hábitos saludables entre los trabajadores. Por otro, impulsa una mayor implicación social. Y, además, promueve comportamientos más responsables desde el punto de vista medioambiental.
Los puntos acumulados se registran en una plataforma desarrollada internamente por el equipo de IT de CDV y, al cierre del ejercicio, se transforman en una aportación económica destinada a proyectos solidarios. Durante 2025, el equipo acumuló más de 3.500 horas de actividad y 8.100 kilómetros recorridos, una cifra que refleja la implicación real de las personas que forman parte de la compañía.
Este detalle conecta especialmente con la propia identidad de CDV. La empresa no solo desarrolla tecnología para mejorar procesos, sino que también utiliza su capacidad interna para organizar, medir y convertir el compromiso de su equipo en ayuda concreta. Tecnología y factor humano vuelven a cruzarse, pero esta vez fuera del entorno puramente operativo.
Una forma de estar cerca también del territorio
CDV significa “cerca de vosotros”, y en esta ocasión esa cercanía se traslada al ámbito social y medioambiental. La compañía refuerza su vínculo con Alicante a través de dos proyectos que actúan sobre necesidades muy diferentes, pero igualmente relevantes: alimentar y formar a personas en situación vulnerable, y recuperar espacios naturales degradados.
Para las agencias de viajes, acostumbradas a trabajar con proveedores, plataformas y socios tecnológicos, este tipo de iniciativas también ayudan a entender mejor qué hay detrás de una marca. Porque una empresa no se define únicamente por las herramientas que ofrece, sino también por la forma en la que decide implicarse en su entorno.
Con estas dos acciones, CDV consolida una estrategia de Responsabilidad Social Corporativa que no se queda en el discurso. La convierte en participación interna, en kilómetros recorridos, en horas acumuladas, en menús solidarios, en árboles plantados y en semillas que empezarán a trabajar, poco a poco, sobre el paisaje alicantino.
Y quizá ahí esté la clave: cuando una empresa consigue que su equipo participe, que su tecnología ayude a medir el compromiso y que ese esfuerzo termine beneficiando a la sociedad y al territorio, la RSC deja de ser un apartado corporativo y se convierte en cultura.

